9. Operació BifurkaKasa (20.7.20)

  Conocí esta finca hace algunos años, cuándo, por circunstancias que no vienen al caso, debía subir a Mollet, y por proximidad, tanto de estación de embarque cómo de desembarque, pasaba por delante con la línea Barcelona-Vic-Puigcerdà (R3).
  Al bajar, entrada la noche, una luz brillaba en el piso superior. La casa estaba bien cuidada, y en una ocasión, pasando en coche por delante, un tiempo después, un matrimonio mayor salía mientras un taxi los esperaba en la puerta.
  Pasaron años hasta que volví por la zona, y la luz ya no brillaba en las ventanas, la fachada estaba grisácea… y me temí lo peor. Hasta que la vi (desde la vista satélite del famoso programa que todos tenemos por defecto), que hay zonas del tejado hundidas, y acabé de entender que esta casa se suma a mi saldo de fincas abandonadas.
  No es fácil llegar a ella. Los márgenes de la carretera dificultan mucho alcanzarla sin correr riesgo de atropello, y los agentes de seguridad del tren vigilan a todo, incluso me llamaron la atención por merodear por ahí, cuándo fui visto desde el andén. Les dije que era periodista freelance, y llevando la cámara colgando de la muñeca, junto con mis galas, parecieron indicios suficientes para creerme, y no consumaron la amenaza de “llamar a Mossos”, y si lo hicieron… para cuándo estos llegaron, yo ya estaba lejos.
  Las obras de mejora de la C-17 han restado margen a la carretera, y aquellos márgenes servían para entrar y salir de la villa. ¿Quién sabe qué fue primero, si el deceso o la obra?
  El primer contacto es muy llamativo. La finca es imponente, bien bonita la parte frontal (lo que se puede, o podía, en el momento de la visita, visitar sin mucho problema), que parece inspirada en un chalet de estilo alpino o suizo.
  -Primer contacto:
  Las chimeneas son impresionantes. En la foto aparece una sola, pero hay dos.
  Continué embobado, paseando la vista por la fachada…
  …delatando que no parecía haber sufrido demasiado el ladronicio habitual.
  El balcón, que no gozaría de buenas vistas, presentaba una forja bien elaborada, que resistía aún con una tonalidad entre dorada y herrumbrosa.
  Mejor colocado, lancé otra foto, que me quedó bastante bien, e ilustra la elaborada serigrafía de la fachada:
  Un jirón de cortina ondulaba al paso de la brisa…
  Inaccesibles los accesos delanteros, tomé la foto en perspectiva, y aparece uno de los dos farolillos que iluminaban la fachada hace años.
  El estrecho margen que queda entre el quitamiedos de la carretera y la fachada hace difícil tomar fotos del frontal al completo, y en un intento por conseguirlo, se delata un característico indicador, pero conseguí que la delantera quedara algo bien:
  Con la intención de marcharme, di la vuelta, pero delaté con la vista algo entre las hojas de una parra (que no es ‘la amiga’ de “lo que se fuma”): La cancilla del jardín.
  Nadie quiere pasar por entre las ramas y las hojas. Hay mosquitos en cantidad, y eso puede ser el menor de los problemas. Alguien habló “de pulgas”, pero mi interés fue muy superior, y me metí, avanzando muy poco en todo el tiempo que me llevó apartar la frondosa cantidad de ramas que me impedían el paso.
  Entre las hojas, muy a desmano, percaté una tablilla en la que había algo escrito, pero la cantidad de hojarasca que tenía encima hacía imposible leerla, por lo que me agaché para apartar las hojas, dejando al descubierto el mensaje:
  Se me escapó un sonoro “Cago’ n l’ hostia!”, temiendo que me saltara encima el perro de los Baskerville, pero entonces lo percaté: sólo se oía el ruido de los coches y los trenes pasando. Ni un ladrido, ni un gruñido. Nada. Además, la casa estaba totalmente tapiada, sin accesos transitables. Si el perro está físicamente, debe estar bajo tierra. Quizá bajo la tabla, por ello volví a cubrirla de hojas y seguí mi camino, pisando una cantidad desorbitada de basura (generalmente bidones de agua vacíos), que rechinaban al paso de mí exagerado peso.
  Llegado a la parte trasera de la finca vi, bajo un montón de ropa vieja y basura, la barandilla de unas escaleras que dirigen a un módulo que parece un transformador de electricidad.
  Entretanto oigo que alguien habla:
-Hay uno merodeando por ahí. ¿Aviso a Mossos?
  Aunque mi relación con la policía es nula, prefiero no tener que recurrir a ella. Añadir a eso (-ESPÓILER-) el sonado cate en las opos… … …
  En el andén, dos guardias me miraban fijamente mientras el más mayor hablaba con alguien por el walkie.
  Lejos de alarmarme, con una sangre fría de lo más imprevista, les dije:
  -¡Soy periodista freelance!
  Mi elegancia en el vestir para ir de excursión choca mucho, pero en casos así más vale ir de punta en blanco. Choca mucho, sí, pero si se es alguien “bien vestido”, con “buena presencia”, parece que no se llama tanto la atención del recelo. Con esa idea trampeo desde la más temprana juventud…
  Llevaba la cámara encendida colgada de la muñeca, y dicho lo dicho, seguí fotografiando sin hacerles más caso, cómo si aquello no fuera conmigo.
  Un cordel colgaba por la fachada, y un boquete muy a desmano parecía hacer tentador el entrar de cabeza, pero hay un fuerte desnivel, y una mata de zarzas tapizando el bajo de la ventana, parecía chafada, cómo si alguien se hubiera pegado un morrón. Todo ello me hizo desistir de seguir elucubrando formas de acceder.
  Al girarme, los guardias se habían marchado.
  No por ello tranquilo, tiré las últimas fotos deprisa y corriendo para procurar una pronta espantada, cavilando sobre si estarían llamando a los Mossos, lo que me obligaría a acreditar una profesión que no profeso.
  -Ventanas traseras; fachada posterior:
  Eché un ojo al cielo, buscando el embellecedor, cómo el que de la fachada principal, pero no:
  Apretando el paso me metí otra vez por el túnel de vegetación que es el poco jardín que quedaba, resultando una foto llamativa de la que me siento muy orgulloso:
  Cómo despedida del jardín, otra fotito de la cancela (dudaba de si la había realizado, y mira tú por dónde, sí que la había hecho):
  Ahora sí, nos despedimos de la finca, esta bonita casita estilo chalé alpino, con una última mirada, reteniendo en nuestro recuerdo la belleza de esta singular vivienda tan mal situada, pensando en lo difícil que le habrá sido al matrimonio mayor vivir aquí, tanto para entrar cómo para salir, cómo para ir a comprar, etc. Al menos, hasta la construcción de la antigua N-150 (no olvidemos que este tramo, anteriormente a la construcción de la carretera, era una calle ancha bastante pacífica).
  Entramos a la estación por el camino de tierra por el que acceden los coches al aparcamiento, y nos encontramos con los guardias, que hacen cómo que no me reconocen, pero a los que dedico un saludo con la cabeza. Bajamos al paso inferior y tomamos el tren de vuelta, incapaces de hacer otra vez los 10 kilómetros que hemos andado bajo el sol para llegar hasta aquí.

 —Últimos Apuntes(30 de Enero de 2022)

  Improviso estos “Últimos Apuntes” para documentar un llamativo hecho: se ha destapiado una parte del arco de entrada con el supuesto fin de acceder a la finca, cómo muchos hemos deseado, durante años, poder hacer. Ahora alguien puede hacerlo, quizá con llave y a pata llana.
  Rara vez rodamos por la C-17, pero en todas las ocasiones en los que la vida nos acerca al vecino (y querido) municipio de MiR, un ojo se desvía a la altura de Bifurka para contemplar esta finca. No es nada recomendable hacerlo, mejor aprovechar la escasa recta que tuerce al lado de la centenaria Asland, pero es así. Mi fascinación por ella, tan hermosa a su manera, no ha perecido con el tiempo, y ya sea desde el coche, desde el tren, o a pie desde la acera del otro lado, allá a lo lejos, siempre pierdo unos segundos contemplándola, y de alguna forma, saludándola.
  Rodábamos apaciblemente al son de Actually, de los Pet Shop Boys, sonando What Have I Done To Deserve This?, con la colaboración de desaparecida Dusty Springield, cuándo, a la bajada del repecho por debajo del cuál circula la variante de la C-17, el ojo se preparó para ver la llamada, cariñosamente, BifurkaKasa, cuándo, al paso del frontal, nos pareció ver una anomalía: la puerta al descubierto.
  La inminente llegada de la traidora curva a 60 nos impidió verlo mejor, pero de regreso de una aventura que se gestaba “en previas”, lo que es “La Fase de Instrucción”, miramos con más interés, aprovechando la escasez de tráfico y que, dirección Barcelona, la carretera es más recta, confirmando que, en efecto, lo que estaba tapiado en nuestra primera visita, ahora estaba destapiado. Alguien mora en la finca, incluso el agreste jardín trasero parecía haber sido podado, de modo que la cancela que fotografié ya no se ocultaba bajo las matas, si no que se veía a simple vista cuándo el vehículo discurría a su lado.
 Alguien ha habitado la finca, cuyo tejado está profusamente horadado, y cuyos accesos son harto difíciles, motivo quizá (el de la dificultad de acceso que se derivó de las obras de mejora de la carretera) por el que quedó deshabitada.
  Rebobinando esta historia, capitulando hasta la segunda foto incluida en el presente informe, bajo el balcón se aprecia algo de la forma de arco de la entrada, tapiada. Se aprecia por la uniformidad de los graffiti.
  El 20 de julio de 2020, hablo de años, aunque el sentimiento parezca aún cálido y cercano, rozamos la puerta, detrás de la recia tapia, bordeamos, disfrutamos… y constatamos lo extremamente difícil que resulta llegar hasta aquí. Nuestro deseo era conocer los entresijos ocultos de esta impresionante finca. No pudo ser, la alternativa era imposible, y los agentes de seguridad de Renfe están atentos a todo, lo que fue mermando nuestra capacidad de permanencia.
  Aunque el aspecto de la finca no ha variado (los daños parecen ser los mismos), la discontinuidad de “la pared” y la llamativa aparición de la puerta, cómo si nunca antes hubiera estado ahí, me ha dejado muy chocado.
  La vida parece haber regresado a este lugar. Sólo puedo desear que la traten tan bien cómo la trató el matrimonio mayor que la habitó, que sepan respetarla y cuidarla, y que, en la medida de lo posible, su estado no pase a ser peor de lo que era.
(8.8.24): Reciente información de una fuente que desea ser anónima, informa que el matrimonio mayor falleció (u abandonó) la finca en 2010. El período 2008-09, estuvo habitada por una sola persona, sin poder concretar si era el señor o la señora. 

   El Fantasma del Vallès.

 TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL AUTOR.

(Si alguien conoce de algún lugar interesante que merezca la pena visitar por la zona del Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, els Vallesos (Vallès Occidental i Vallès Oriental), y quiere que le haga una ficha, gustoso procuraré de visitarlo cuándo me sea posible. De igual forma, procederé a mencionar al lector que me lo proponga. Este es mi mail:

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