8. Operació Can Fermí (12.7.20)
Esta
aventura fue la primera después del confinamiento, cuándo se
permitió la movilidad fuera del municipio de residencia.
Conocía este lugar de antes, sería 2006 o 2008, por esos baremos nos moveríamos, cuándo lo conocimos por un suceso llamativo: un tipo, armado con arma de fuego (sería una pistola semiautomática, de calibre genérico, por lo que nos explicaron), atracaba comercios del municipio dónde se encuentra este lugar, y lo detuvieron por aquí, oculto en esta finca o por una zona próxima a la misma, según nos revelaba un comerciante del municipio, que sufrió uno de los atracos.
En aquellos años, la casa era accesible, pero estaba habitada por yonkis la mayor parte del día. En otros momentos, la chiquillada de la zona la usaba de fortín para acometer toda clase de hazañas, desde el botellón hasta frotarse el bigote, tot s’ hi val, hasta la destrucción del jardín, que ya entonces empezaba a ir de baja, sorprendiéndonos el nivel de deterioro que presentaba en aquella actualidad (2020), que se mostraba cerrada e inaccesible.
La puerta principal estaba reventada, y también era factible el ingreso por el sótano. En la actualidad (hablo de 2020), la encontramos cerrada a cal y canto, y el acceso al sótano, tapiado también.
La primera vez que la visitamos íbamos sin cámara, pero el sitio era bien bonito. No era cómo es ahora: el jardín era mucho más frondoso, había más árboles, matas de flores agrestes, anárquicas, y la verja de acceso estaba abierta, por lo que se podía acceder en coche, cosa que no hicimos en ninguna ocasión.
En el anexo a la finca, lo que se usaba cómo garaje, estaba abierto, y en el interior subsistía, a duras penas, un Renault 5 negro, hecho un desastre, a base de golpes y abollones, con las lunas reventadas y algunos garabatos. En la actualidad, ni el garaje es accesible, ni el Renault está.
Junto a la finca había unos módulos que parecían algo así cómo una granja avícola (actualmente derruidos), de los que sólo permanece, cómo único testigo, una pared blanca, pero todo esto es adelantar acontecimientos, así que empezaré otra vez, en serio y desde el principio.
Fuimos a este lugar porqué tenía un deseo irrefrenable de regresar para hacer las fotos que quedaban pendientes de años, con la sospecha de que del coche sólo quedarían las manchas de aceite, y también porqué desde ahí se ven muy buenas vistas.
Por expreso deseo, antes de subir a la finca, fui a otro lugar que no había examinado con demasiado interés por falta de tiempo, que es este:
Conocía este lugar de antes, sería 2006 o 2008, por esos baremos nos moveríamos, cuándo lo conocimos por un suceso llamativo: un tipo, armado con arma de fuego (sería una pistola semiautomática, de calibre genérico, por lo que nos explicaron), atracaba comercios del municipio dónde se encuentra este lugar, y lo detuvieron por aquí, oculto en esta finca o por una zona próxima a la misma, según nos revelaba un comerciante del municipio, que sufrió uno de los atracos.
En aquellos años, la casa era accesible, pero estaba habitada por yonkis la mayor parte del día. En otros momentos, la chiquillada de la zona la usaba de fortín para acometer toda clase de hazañas, desde el botellón hasta frotarse el bigote, tot s’ hi val, hasta la destrucción del jardín, que ya entonces empezaba a ir de baja, sorprendiéndonos el nivel de deterioro que presentaba en aquella actualidad (2020), que se mostraba cerrada e inaccesible.
La puerta principal estaba reventada, y también era factible el ingreso por el sótano. En la actualidad (hablo de 2020), la encontramos cerrada a cal y canto, y el acceso al sótano, tapiado también.
La primera vez que la visitamos íbamos sin cámara, pero el sitio era bien bonito. No era cómo es ahora: el jardín era mucho más frondoso, había más árboles, matas de flores agrestes, anárquicas, y la verja de acceso estaba abierta, por lo que se podía acceder en coche, cosa que no hicimos en ninguna ocasión.
En el anexo a la finca, lo que se usaba cómo garaje, estaba abierto, y en el interior subsistía, a duras penas, un Renault 5 negro, hecho un desastre, a base de golpes y abollones, con las lunas reventadas y algunos garabatos. En la actualidad, ni el garaje es accesible, ni el Renault está.
Junto a la finca había unos módulos que parecían algo así cómo una granja avícola (actualmente derruidos), de los que sólo permanece, cómo único testigo, una pared blanca, pero todo esto es adelantar acontecimientos, así que empezaré otra vez, en serio y desde el principio.
Fuimos a este lugar porqué tenía un deseo irrefrenable de regresar para hacer las fotos que quedaban pendientes de años, con la sospecha de que del coche sólo quedarían las manchas de aceite, y también porqué desde ahí se ven muy buenas vistas.
Por expreso deseo, antes de subir a la finca, fui a otro lugar que no había examinado con demasiado interés por falta de tiempo, que es este:
Es un antiguo paso inferior. Pasa medianamente desapercibido, y me hace gracia desde siempre.
Aún se encuentran las barandillas y las escaleras escondidas bajo el tupido follaje de los árboles, aunque la foto no quedó muy allá (detrás de “nt”):
Las escalinatas bajan algo, pero no creo que lleguen a ninguna parte. Por otro lado, nunca lo he comprobado.
Por otro lado…
Este acceso es tan insultantemente sencillo de encontrar que tardé años (repartidos en varias ocasiones) en dar con él.
Andados hacia ahí los primeros pasos, esto se abre a la vista:
La escalera baja recta, luego tuerce suavemente…
Y ahí está, el antiguo túnel del paso inferior, convertido en albergue para yonkis y vagabundos, pero con ese encanto llamativo de ser un sitio que se omite exprofeso, a la par de ser poco conocido. Sobre él, nadie me ha dado señas. Ni los mapas antiguos que consulté.
Satisfecho, continuamos el viaje hacia Can Fermí.
Pasamos por calles de un sólo sentido hasta un antiguo casoplón a la venta, estilo Can Fermí, de esos del mil novecientos. Giramos la calle después de mucho subir, y encontramos la verja cerrada con cadena, cosa que años atrás no sucedió.
Imposibilitados de continuar adelante por el acceso de siempre, circundamos el perímetro, y sí, ¡encontramos un acceso! Y por fin… ¡Can Fermí!
El aspecto actual es muy diferente de cómo lo recordaba de la última vez. La antena no estaba, el bosque era mucho más denso, el jardín se extendía ampliamente por la parte delantera, y los anexos de atrás, de los que hablaba hace unos bloques, aún estaban, aunque no entré a verlos. Simplemente me limité a echar un ojo desde la puerta.
La primera impresión es que la han restaurado. El tejado es nuevo, los desagües pluviales también, la terraza posterior está hecha de nueva, el acceso al sótano (situado debajo de la “E”) está cegado…
Avanzamos campo traviesa, los caminos de ayer ya no existen, y abreviamos por la tangente, hasta que llegamos a la nave en la que se cobijaba el Renault 5:
El palé contra la puerta me hizo sospechar, y lo examiné con la cautela que mi formación exige, encontrando en el suelo los inequívocos indicios de que alguien lo había desplazado hacia adelante y hacia atrás (surcos), en un aparente ejercicio de entrada y salida.
La puerta estaba forzada. Mirado al oscuro interior vi bolsas de plástico, suciedad, ropa acumulada, bambas y demás que dieron idea de que alguien pernoctaba allí, y la presencia de algunos condones usados hacía aún más evidente que, o no lo hacía solo, o gozaba de compañías ocasionales (“Cenicientas de saldo y esquina”, que diría Joaquín Sabina. “Las prostitutas”, que diría la psicofonía de La Segona Hora.)
Obviando eso y contrastando que la nave del Renault está toda tapiada (incluso la puerta “cochera” estaba convertida en pared), y que ya no alberga el pretérito esqueleto del coche, continuamos la aventura, localizando detalles que, en su momento, no nos pasaron inadvertidos, y que aún se conservan más o menos “bien”.
-Los Pilares de un templete:
El jardín delantero es de baldosa, algo tosca, y en algunos recodos se ven aún, muy martirizados, los maceteros de baldosín:
La fuente guarda una sorprendente sorpresa que sólo se percibe si uno se acerca o la examina con atención de detective:
Ambos pilares estaban decorados con baldosas que el gamberrismo ha destruido en gran parte, constatando en firme el gran valor arquitectónico de esta obra. Baldosas bien antiguas, pintadas a mano. Se puede ver en lo poco que queda, pero pondré el foco en el detalle más interesante:
1885. Se dice pronto: casi 140 años de historia reducido a esto. ¿Cómo podemos permitir que este patrimonio quede así? Gobiernos gastando millones en remover tierra para sacar vestigios que se preservan bajo suelo, y lo que tenemos a mano, cómo esto, convertido en ruina por el olvido y por cuatro incultos que se divierten apedreando la historia de todos. ¡Bravo!
Este es el mundo en el que nos movemos. Todo está condenado a desaparecer si nadie hace nada, y si alguien se llevara estas baldosas, estaría “robando”, según las leyes del Urbex, pero si se dejan “tal cual”, terminan así. ¿Dejar o preservar? Viendo esta desgracia, mi postura sería firme si quedara algo que salvar.
En el pilar de al lado aún queda un pequeñísimo vestigio cerca del capitel:
De la fuente, que debió lucir esplendorosa, queda únicamente lo que se ve: garabatos y destrucción. No puede uno retrotraerse ante esto. La pena que me causa que algo tan sensacional termine así no se puede plasmar, y no es lo único que se echa a perder en este lugar. Veremos más, pero sigamos el orden.
Con pesadez de ánimo miré la rejuvenecida fachada de Can Fermí, tapiada con maestría.
Al lado de la fuente hay unas escaleras que bajan a dónde se encontraba la puerta del sótano, del que recuerdo estaba lleno de columnas, que serían los pilares de la finca.
Al lado de las escaleras, tocando la fachada, una losa de piedra ofrece un cómodo lugar de descanso:
Desde el banco se percibe mejor que las escaleras parecen hechas en dos fases: comienzan siendo de piedra y terminan siendo de tocho:
Examiné la puerta, cuya maneta estaba rota. Sin duda, fruto de más de uno que, cómo yo, deseaba meterse de cabeza en este sitio para examinarlo, pero tuve que contentarme haciendo el Tarzán y sacando fotos desde la ventana:
Llamativo: aún se conservan las puertas originales en aparente buen estado, y también se ven unas baldosas, bastante nuevas. En otra foto que tomé con la mira en el fondo, a mano derecha, se delata levemente un mural (debajo de “Val”) que hace idea del buen gusto que ofrece la finca en materia de mampostería. Afortunadamente, esas baldosas parecen haber acusado mejor el paso del tiempo.
Y la última, arriesgando la cámara, en la que se ve mejor (en la zona cercana a la fecha y hora), el dibujo de las baldosas del suelo, también llamativas:
Regresado al suelo llano, fuimos al jardín trasero, encontrando el lavadero aparcado de cualquier forma:
Contrasta la belleza de la obra antigua con la destrucción de la que es víctima. Aunque haya un intenso afán de destrozo, por más que se rompa, sigue teniendo ese “algo”·especial:
El jardín trasero es también especial. Embaldosado en gran parte, tiene enormes abetos, que delatan su propia antigüedad y la de la finca.
Subimos a la terraza trasera, rehecha (años atrás estaba derruida), echamos fotos de las vistas y de los árboles, y bajamos por la otra escalera:
Nos adentramos por el jardín, sorprendidos de que esto se deje así, por tantos años, mirando con asombro todo, hasta la basura que la gente más desaseada (por no decir guarros) ha dejado cómo testigo de su paso, y el abeto frente a la finca es retratado, mirando a los ojos de Can Fermí, ciegos desde no hace mucho, esperando, quizá, que un día la vida regrese a esta maravilla:
A su lado, otro macetero de obra y baldosa, en el que se percata mejor el detalle de la serigrafía, algo borroso por el paso del tiempo:
Damos la vuelta por dónde se encontraba la puerta del sótano, dispuestos a marcharnos ya, pero algo me retiene…
Al ver esto, que nunca antes había puesto en el paisaje, quizá por la anterior opacidad del follaje, desenfundé la cámara y avancé presto para conocer qué puñetas se suponía que era esto, pero algo me detiene a media zancada…
Cómo en l' Operació Agro, aparece la Poca-Cola. Quizá fuera un envase moderno, pero aún así me hizo gracia, y lo retraté. Pasado esto, por fin, vi un poco mejor la mole:
En la torre había una oquedad que se ha tomado la precaución de tapar. Sigo mirando y echando fotos, omitidas por su escasa importancia.
Entonces lo veo más claro: debía ser un pozo o una torre de agua.
Me parece muy majo, y le echo otra, con mejor encuadre, para retratarlo “en una sola toma”:
Andamos un ancho camino causado por la maquinaria pesada y llegamos a la altura del jardín trasero, dónde el murete delimita la propiedad. Una antigua salida intransitable destaca algo comida por las ramas:
Unos pasos más, de puntillas para verlos mejor… Zoom…
Andando por la zona de la “balsa de riego”, atravesando los matorrales y las ramas, encontré algo que no esperaba ver:
Imagino que esto será el vestigio de una fuente, una mucho más sencilla.
Continuado el camino, sin saber muy bien por dónde me metía, terminé en lo que queda de la pequeña nave que conocí en pie pero que nunca visité, y que creo que debía ser una granja avícola o similar, cómo decía al comienzo:
Frente a la nave hay una balsa que se ha cegado en gran parte con arena. Antaño, cuándo estuvimos por primera vez, no estaba cegada.
Con todo visto, emprendimos las maniobras de regreso, pasando por la parte baja del jardín delantero…
Estuvimos un rato esperando, grabé un par de vídeos cuándo pasaron los trenes, y nos marchamos.
-Capturas de pantalla de los vídeos grabados:
—Últimos
Apuntes— (22.5.22)
Me llegó a los oídos el rumor de que este singular enclave pasaría a ser un parque-mirador, motivo por el que sería demolido el anexo que era el garaje (el anexo en la puerta del cuál se apoyaba el palé).
Metido en otros asuntos, no hice mucho caso, pero en la tarde de hoy (fecha de este apunte), consultado El Internet municipal, encontré datos que me han creado cierta inquietud.
Documento con una imagen esquemática, conseguida del “Catálogo de Patrimonio del Ayuntamiento…”
En esta imagen se ve perfectamente lo que comentaba: los anexos que se me antojaron una “granja avícola”, y que ya no están. Eran varios, pero aparecen cómo uno sólo, muy largo. De ello se conserva únicamente la pared blanca, fotografía expuesta anteriormente. El resto de anexos iban por la misma línea. En el mapa figuran cómo “demoler“.
En este documento, fácilmente encontrable a golpe de clic, se incluyen útiles reseñas sobre la finca, y de él tomo los siguientes datos:
Estilo y época: Neoclasicismo; Época contemporánea. Siglo XIX. Cronología: 1887. Autor: Josep Graner i Prat, maestro de obras. Promotor: Josep Closes.
También se informa, en el documento consultado, que el Turó, antaño, se llamaba “de la Fermina”, pasando a ser, años después, “Turó d' en Fermí”. En nuestros días se le conoce cómo “Turó de Vista Rica”.
También que fue una finca de veraneo burgués, y que, según este documento, es una de las más antiguas que se conservan en este municipio.
Avanzadas unas páginas, la información se vuelve mucho más interesante, y copio, de la forma más fidedigna, la información histórica, a fin de documentar mejor este lugar:
“El 13 de abril del año 1887, Josep Closes, vecino de Barcelona, solicitó al Ayuntamiento … permiso para edificar una casa en los terrenos (de su propiedad), situados en el «Turó de la Fermina», actual Turó de Vista Rica. La nueva edificación, proyectada en la parte más alta del turó, en el centro de los terrenos de Josep Closes, y, por tanto, alejados de las calles proyectadas por el ayuntamiento en este sector, seria destinada a vivienda de veraneo del peticionario y de su familia.
La llegada de veraneantes a M… a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, buscando una mejor calidad del aire y unas aguas y unas fuentes de mucha fama, facilitó la urbanización de los terrenos situados detrás de la calle Sant Antoni (actual Domènec Fins), un proceso intensificado con la llegada del ferrocarril y la construcción de diferentes apeaderos en el año 1853.
La situación privilegiada que ofrecía la propiedad de Josep Closes, mirador excelente del pueblo de M… y de buena parte del territorio del Vallès, convirtió esta edificación en una de las más emblemáticas y representativas del turismo barcelonés de finales de siglo. Las obras de construcción del edificio fueron encargadas a Josep Graner i Prat (1844 – titulado en 1872), maestro de obras municipal, que proyectó en los planos, datados el 28 de marzo de 1885, una casa formada por planta (dónde se dispusieron los salones, comedores y habitaciones del servicio) y piso (con las habitaciones privadas de los señores), con tejado a doble vertiente y una galería elevada, soportada por columnas, que permitía el acceso al edificio por las diferentes aberturas que se abrían a lo largo de su recorrido por la fachada este y norte.
La situación de la casa, en la parte central de los terrenos, requirió que el 7 de noviembre de 1887, Josep Closes solicitara al ayuntamiento un permiso para envolver con una tapia el conjunto de su propiedad. Se trataba de levantar un muro de considerable altura con tres aberturas o puertas, flanqueadas por columnas, en los accesos a las calles que en aquellos momentos se estaban proyectando.
El diseño de la tapia fue encargado nuevamente a Josep Graner i Prat.
Aunque no se conserva el expediente, sabemos que el año 1933 se llevó a cabo una reforma en la casa, consistente en mejorar la estructura del edificio y en la construcción de una galería en la fachada de mediodía.
Josep Graner i Prat fue maestro de obras municipal y asesor del ayuntamiento en temas urbanísticos desde 1880. Es autor de un buen número de proyectos municipales, como el matadero y la prisión (1884) en la calle Barcelona, el puente sobre el Bogatell (1886-1891), las escuelas municipales (1900), la alineación de la calle Ripoll (1917), el edificio del ayuntamiento (1917) y la ampliación del cementerio (1913). También es autor de la fachada de la casa Cuyàs (1928), de la Torre Valentí (1927), de la casa Riera (1886) en la calle Bogatell, de la casa Jerez (1885) y de la casa Geribert (1886) en la calle Colón, del edificio de viviendas Ciuró (1885) en la calle Carretera Vella número 3-6, y de la glorieta de Can Milans (1927).”
Aquí debo decir que Can Milans fue demolida sobre los años 2000. Actualmente, en su solar, hay una empresa de construcción (caprichos y sinsentidos del desarrollo de la vida), en el Polígono Industrial y calle homónimos.
-Can Milans en 1999. (Fuente: Oficina de Patrimoni de l’ Ajuntament de M.)
Antes de las obras de consolidación, llevadas a cabo entre mayo y septiembre de 2019, la finca mostraba vistosos desperfectos, que eran muchos más de los que conocí. En el informe del Ayuntamiento se incluyen imágenes muy ilustrativas sobre el visible deterioro de la finca por aquellos tiempos.
En esta toma no se ven las naves anexas. Según recuerdo, andaban a mano derecha. Deben estar fuera de plano o detrás de las matas.
Cito la noticia, resumida, del periódico La Veu, del 10 de mayo de 2019:
“Los trabajos, que se alargarán hasta el mes de septiembre, consistirán en la recuperación de diversos elementos de interés y en la eliminación de unas construcciones para recuperar el aspecto original de la vivienda. La empresa (…) ejecutará las obras (…), por un importe de 78.300 euros.
Este dinero forma parte de una subvención de la Diputació de Barcelona.”
El mismo medio, en un reportaje fechado el 26 de febrero de 2021 y escrito por Pilar Abián dice, sobre la Finca y en resumen, lo siguiente:
“El Ayuntamiento adquirirá una finca de 800 m2, cualificada cómo zona verde, en el turó de la Vista Rica, en pleno núcleo urbano, por valor de 41.000 euros. La operación se realizará por la vía de la expropiación pactada con la propiedad. El objetivo del gobierno con esta adquisición es doble: por un lado evitar expropiaciones forzosas, y por el otro, ganar zonas verdes de titularidad municipal.
“Queremos potenciar este espacio y convertirlo en un parque abierto a la ciudadanía cuando dispongamos de los recursos necesarios para hacerlo posible", dijo el edil Jordi Sánchez (ERC)”
Este reportaje se abre con una foto que me ha gustado mucho, y que ilustra lo que, durante tantos años, en las pocas veces en las que subí aquí antes de confeccionar el informe y de documentarlo con mis propias fotos, iba disfrutando: el paso de los trenes.
Picando de aquí y de allá, llegué al blog Montcada Confidencial, recomendado por una de mis fuentes en el municipio, resultando de su consulta unos útiles conocimientos que, en resumen, expongo a continuación:
-El propietario de la finca (antes de la expropiación pactada) era Antoni Alcalà.
-Alcalà conoció a Manuel Alcaraz, presidente del Grupo Inmobiliario Alcaraz.
-Alcalà y Alcaraz planearon la entrega de la Finca Vista Rica al Consistorio, a cambio de poder urbanizar en otro terreno (La Rasa).
-En 2002 se aprobó provisionalmente el trato, pero no fue hasta 2019 que se aprobó definitivamente.
-Entre 1999 y 2002, estos chanchullos fueron una corruptela muy bien urdida, que Montcada Confidencial ha sabido retratar muy bien. En estos enlaces se encuentra la información consultada del blog:
http://montcadaconfidencial.blogspot.com.es/2007/02/2-entrega-de-loperaci-vista-rica-la.html
Volviendo al Catálogo de Patrimonio, en el final de este anexo, rescato un par de fotos muy interesantes.
-Jardín de la Finca Vista Rica (1999):
Y algo que también me ha dejado muy parado: la fuente. Aunque ya presentaba desperfectos, lucía mucho mejor que cuándo la fotografié.
En el blog Memòria d’ un Poble vi un cuadro, pintado por Ferran Hernández, que presenta la finca con una maestría que no puede ser mejor broche para terminar.
¡Actualizamos marcadores!
A ver, toca las narices, y ya tenía publicada la entrada, y mira tú por dónde, aparecen las dichosas fotos de cuándo conocimos la antigua estación de San Juan, cuándo se podía acceder, y desde la que hicimos una foto a Can Fermí, algunos años después de lo del "Renault" (estas fotos datan de 2010).
Entretanto, me corrigen en un punto. ¿Qué toca ahora? Echar tiempo, modificar la entrada, agachar las orejas, encajar el tiro y hacer un "mea culpa":
En esta entrada se ha dicho Renault 5 negro ó Renault 5. El término correcto, según se me ha dicho, con sapiencia y retranca, es Citroën LNA azul celeste, el azul celeste clásico de los Citroën, con los cierres cromados.
En mi recuerdo parecía un R5, pero, a ver, que de morro tienen un parecido, y hechos polvo, cualquiera diría. Además, era casi de noche y el garaje estaba oscuro, por lo que no recordaba el azul celeste clásico de los Citroën.
Lo mío no es el motor, así que asumo el rapapolvo y corrijo mi postura en esta Fe de ErRatas.
Sobre el coche, y citando de Wikipedia: "llegó a España en 1978, y se descontinuó su producción en 1986" (o sea, casa en el tiempo en el que la finca estuvo habitada, pues parece que en los primeros 2000 ya estaba deshabitada).
Y ahora, realizada la corrección, toca rascarse la caspa pensando en cómo fue esto, porqué casi no me acuerdo, pero tiene que ver con mi frenesí ferroviario. Pero cómo ya he alargado demasiado esto, abrevio y dejo esta historia para otro momento.
Sobre el Turó, pues decir que detrás de las vallas publicitarias (que ya no están, o ya no hay tantas), es dónde estaban los módulos que llamaba granja avícola. Por el lado de la izquierda andaban. Y ahora sí, si no hay noticias de última hora… fin de la historia.
-Can Fermí en 2010:
El Fantasma del Vallès.
TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS (SALVO LAS INDICADAS) Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL AUTOR/ES.
(Si alguien conoce de algún lugar interesante que merezca la pena visitar por la zona del Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, els Vallesos (Vallès Occidental i Vallès Oriental), y quiere que le haga una ficha, gustoso procuraré de visitarlo cuándo me sea posible. De igual forma, procederé a mencionar al lector que me lo proponga. Este es mi mail:
elfantasmadelvalles50@gmail.com)
elfantasmadelvalles50@gmail.com)



































































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