2. Operació Agro 1 i 2 (25 i 28.8.19)

  Todo este lugar me entusiasmó desde el primer contacto que tuve con él, casi un mes antes a contar desde aquellas fechas, cuándo visitamos la Creu de Montigalà y perdía horas echando miradas de asombro desde la cima del turó, en el que basé una de mis historias más queridas, que quería dedicar a alguien que nos dejó antes de que lograra terminarla, lo que ha sido un chasco a carácter póstumo.

  De las fotos que tenía de la visita a Ca L' Alemany y del camino hasta el Monestir sólo he podido recuperar unas pocas, debido a un error en el disco duro. Eran muchas más, pero no retrataban gran cosa, pues de Ca L' Alemany queda muy poco: sólo las paredes y las pocas arcadas completas que se verán a continuación:

  -Ruines de Ca L' Alemany:

  Cómo decía, de Ca L' Alemany queda muy poco. Paredes, la balsa de riego (seca, llena de basura, cristales, cañas y senderos de perdición amatoria. ["En tiempo de guerra, cualquier agujero es trinchera". Secundo; en toda esta zona se da el caso*], algunas arcadas… No resulta difícil encontrar coladeros por los que acceder, pero pronto se acaba la visita, por lo poco que hay para ver y por la "hostilidad" que produce ir sorprendiendo toda clase de conductas moralmente reprochables cada pocos pasos. Aún con todo, el recinto era enorme, y en sus tiempos de gloria debía ser toda una joya arquitectónica.

  *Paso a saludar, en la modestia de estas líneas, a Juan, de Badalona, que escribió una carta muy recomendable de leer a la revista Tot Badalona, creo recordar, en la que retrataba sin paños calientes la realidad de este lugar, y cómo este entorno se degrada con gentes y acciones muy poco recomendables. Sinceridad que es de agradecer. La leí en la posterior "Fase de Instrucción del Caso", pero olvidé guardar el link. Estaba en la versión digital de la revista. No recuerdo más…*

  -Vista satélite de Ca L' Alemany (Fuente: Telegram y Google Maps):

  Siguiendo el camino con interés de conocer el Monasterio, el grupo anduvimos sin decaer, encontrando algún vestigio de la finca Ca L' Alemany entre el follaje del camino.

  -Acueducto:

  -Puente (o acueducto):
  Al cabo de un rato llegamos a un camino en el que un muro ofrece respaldo a los paseantes, que hacíamos un alto para contemplar las vistas desde allí.

  (La foto corresponde a la segunda excursión, en la que repetí la toma. Después me sirve para ilustrar lo que ya fotografié el 25, y que se malogró.)

  -Vista del Monestir desde el Mirador:
  El Monestir empezaba a ofrecerse algo sombrío, delatando que el sol iba de baja, pero el buen ánimo se mantenía. Respiramos hondo y continuamos hasta encontrarnos con una llamativa fuente en la que abrevamos muy a gusto.
  Quizá el detalle no se aprecie muy bien, pero el agua mana de la boca de un león. En otras palabras: la fuente es una cabeza de león, con penacho y todo, pero no me quedó la perspectiva demasiado ilustrativa.

  Allí cerca vimos algo que no creíamos descubierto, pero que ya hacía un tiempo se había notificado: lo que uno llamó "Casa del Ahorcado" y otro "La Casa de Las Cruces Invertidas" (un nombre muy literario. ¡Lástima que no lo haya parido yo!). Las horas no ayudaban a emprender la aventura, pero no me quise marchar sin echar unos vistazos por allí, subiendo por la parte de atrás de la fuente, en la que hay unas escalinatas que permiten el acceso al recinto, aunque al primer vistazo parezca "inaccesible". (Je…) Bien posicionado, disparé sobre ellas una foto que se estropeó junto con mi colección de "Fotos de Laia", lo que conozco cómo "La pérdida sobre la pérdida". (King of Rome; Pet Shop Boys).

  Una puerta de arco en el muro abre el recinto, pequeño en apariencia visto desde fuera, pero enorme una vez lo ves desde dentro.

  -Vista satelital del recinto (Fuente: Telegram y Google Maps):
  Así terminaba la primera Operació Agro: conmigo dentro del recinto, mirando en derredor, sorprendido de la envergadura del lugar, inquieto por una sensación de incomodidad sicológica que me impidió sacar fotos. Eso fue el 25 de agosto de 2019. Volvimos el 28 de aquel mismo mes.

  Me despedí del lugar con afabilidad, diciendo con la voz del pensamiento algo tan ridículo cómo adiós casitas. Hasta otro día. Y la fórmula funcionó. La siguiente visita fue mucho menos "incómoda". (Quizá alguien lo haya experimentado: hay sitios que son "incómodos", que “incomodan” e invitan a irse rápido.)

  Aquél primer día, este lugar me incomodó muchísimo.

 

  -Operació Agro Second Edition (28.8.19):

 

  Vuelvo a entrar en el recinto desde un senderito de hierbajos secanos que deriva desde el aparcamiento. Cómo en la ocasión anterior, con el pensamiento saludo con un imbécil ¡Hola, casitas!, y, todo contento, me pongo a ello. Quizá mi actitud positiva venciera la "negatividad" del recinto, o quizá diera una nota de "alegría", siendo cómo es que no pocos hacen toda clase de acciones "negativas" en este sitio, quizá por cercanía a "lugar santo". En fin, sigo con el relato…

  A derecha e izquierda se ven edificios. A izquierda se encuentran las cuadras y un anexo un tanto llamativo:
  Unos tochos a cada lado y una viga sobre ellos improvisan un banco, cómo se ve levemente en la fotografía. Parece un sitio de reunión, aunque el techo lo desaconseje:
  Un par de pequeños ventanucos por los que asoman las hierbas terminan el pequeño cuarto, y al darme la vuelta después de fotografiar este simpático monigote…
...me esperaba una inadvertida y conocida mirada:
  La puerta del fondo corresponde a las cuadras, pero algo me impidió fotografiarlas. Un mal karma, una intensa negatividad… lo que sea, pero me dio muy mal fario, y salí de ahí bien rapidito.
  En la explanada principal, mirando un poco por la otra puerta de las cuadras, sin delatar nada llamativo (ropa vieja, enmohecida, acartonada, algo que parecía un aparato de radio del año de la tos, y la mala vibra), opté por entrar a las fincas, siendo esta la primera:
  Aupado en la platea en la que se delata lo que queda de lo que parece ser el pie un váter, eché el ojo dentro con la cautela menester, viendo lo que llamé "La Mala Caída":
  Dando ágil zancada salvé el abismo, no sin reservas, y llegué al otro lado, optando por seguir a mano izquierda, dónde hay una pequeña cocina y una botella de Brumel (vacía) enterrada entre el polvo y la runa.
  Siguiendo el pasillo llegué a una ventana tapiada, que fotografié, y me quedó la foto tan mal que preferiría omitirla, pero ¿para qué?
  Pasado esto ya no queda mucho más por ver. Un acceso al sótano se abría a mano derecha, frente a una estancia, pero el tiempo (y el presumible robo de la barandilla de las escaleras) ha terminado con él:
  A mano izquierda, maniobrando el giro con cautela porqué queda muy poco suelo que pisar, había otra estancia, de la que sólo queda la ventana y la chimenea colgando de la pared:
  El tiempo pasaba muy deprisa, y aún quedaban algunas cosas por ver, lo que me hizo salir rápido de este ala, que es la que presenta peor estado de conservación, y volver camino de los anexos dónde hay las cuadras, dispuesto a brincar un muro que ayer fue pared, con un resultado nefasto, siendo advertido en el sofocante proceso de que hay una forma mucho más sencilla de acceder a la finca superior, lo que no evitó el bochornoso espectáculo de verme tratando de brincar el murete al son de upi-upi, pero antes de partir hacia el acceso, disparé esta foto, que me llamó la atención, pues se me antoja una especie de ala de avioneta colgada de un pilar.
  Franqueado el acceso gracias a los más avispados miembros de la expedición, constaté, con asombro y cierto reparo, que no hay una sola "ala" ¡si no dos! ¡Había otra que no había visto!
  Conjeturé con la posibilidad de que una avioneta se pegara un hostión ahí, provocando la caída de toda la nave, convertida en un espacio diáfano, y sobre ello investigué durante un tiempo sin encontrar ninguna reseña a accidentes aéreos, de modo que, para mí, el misterio continúa. (Si alguien puede ofrecer alguna información, al final del post encontrarán mi contacto.)

  Vencimos el mal cuerpo y las divagaciones para tomar unas estrechas escaleras de camino a la finca superior, colgada en lo alto de un peñasco, encontrando una portezuela, hecha con un somier, que da entrada a lo que llamé "Sala Maldad", porqué el aura que impera ahí era muy densa e incómoda, lo que no me privó de lanzar un fogonazo de flash que capturara lo que la diferencia de luz convertía en oscuridad, siendo este el resultado, después de algunas correcciones con Gimp, y posteriormente con PhotoScape:

  -"Sala Maldad":
  Visto así parece sencillo, pero ahí se me hizo muy difícil estar. De hecho, no pude acceder. La foto está tomada desde el exterior, y el original "bruto" es una foto negra. Aparecen dos orbes, y más tarde, en otras tomas, aparecerían más.

  Retomado el ascenso, al final de las escaleras aparece una gran terraza con unas magníficas vistas que la bruma de la contaminación entelaba.

  -Una Capillita:
  -Monestir, Creu de Montigalà y mar badalonés:
  -Monestir por detrás (foto propia, disponible en Maps):
  También vislumbramos un aguilucho en la salida de humos de la chimenea de alguna casa de abajo, aguantando firme y pétreo el momento de pisar suelo, que deseamos sea dentro de muchos años. Detrás, les Tres Xemeneies de Sant Adrià de Besòs:

  A un lado de la amplia terraza hay un par de cuartitos que parecen ser cabinas de váter. Su estado de conservación es lamentable, pero tienen su gracia…

  De la panorámica de uno de los ventanucos salió la foto de portada de uno de mis relatos, otro de los especiales, con una carga Urbex un tanto marcada, que se impregna de experiencias y vivencias propias.
  Dejamos atrás la terraza y sus vistas para enfrentarnos al interior de la finca superior, encontrándonos esto, el llamativo detalle que también he usado para la confección de la portada de otro de mis relatos:

  Esto es lo que daba la nota llamativa. Por alguna razón, las sogas me persiguen. Cuándo estuvimos en Torrebonica (sería por 2007, año arriba-año abajo; aún se podían cruzar las vías, cosa que hicimos y que actualmente no se puede hacer: el tramo se encuentra vallado a fin de prevenir suicidios, tristemente cuantiosos), a través del tupido bosque (ya no lo será tanto, un fuerte temporal tumbó cientos de árboles por la zona) vimos, muy cerca del desfiladero que pasa rozando la vía férrea, colgada de una rama, una soga que se mecía lentamente al son de una brisa imperceptible y que daba una impresión un tanto macabra. Íbamos de camino al antiguo apeadero de Castellarnau, actualmente inaccesible también, según me han dicho (ni puedo asegurarlo ni puedo contrastarlo), del que sólo quedaba (en el momento de nuestra visita) la armazón de la marquesina y los andenes.

  En una de las últimas peripecias, en abril de 2021, en un lugar que conocí por el blog de una chica fotógrafa a la que admiro mucho, dicho sea de paso, también me encontré con eso. Y no sólo con una soga colgada del techo de una capilla, también con un grupo Urbex que me saludó alertado por un fogonazo de flash propio. Por cortesía me puse la mascarilla (que llevaba quitada), del revés, para dar la nota sin saberlo. ->Una cordial salutació, companys!<-

  Vuelvo al tema que nos ocupa, después de estas licencias: entré por la puerta de "La Sala de La Soga" y, a través de ella comuniqué con la anexa, un tanto más espaciosa, que ofrecía algunos detalles bonitos, pero muy mal tratados.

  -Una rinconera empotrada:
  Justo delante, las puertas, en un estado de conservación mejor que otros elementos (¡y que dure, por favor!), invitan a entrar:
  Y la curiosa chimenea, con estrecha bocana y cuerpo circular:
  A su lado, lo que queda de la instalación eléctrica, que hace idea de lo antigua que es: aún iban con plomos. En el momento de la toma, su estado aún era regular tirando a bueno, pero ya se sabe que las cosas tienden a ir a mal, por lo que imagino que ya no debe estar tan "enterita":

  Al seguir con la mirada el camino que seguían los ausentes cables, constaté que los pisos superiores de "La Sala de La Soga" y el de "La Sala de La Chimenea" se han hundido, pero queda (o quedaba) un pequeño espacio de piso entre ambas salas, accesible si uno es un virtuoso de la cucaña y puede remontar una viga de través, puesta cómo de capricho. Cómo no es el caso, terminé la observación con esta foto: lo que queda de la instalación eléctrica, el último cajetín para collar el tercer y último plomo, a desmano de chatarreros (si no, no podría haberlo fotografiado.)

  Salido al exterior por la puerta que hay entre la chimenea y la rinconera había otra sala, que el derrumbe total de su techo ha dejado al descubierto por completo. Al carecer de interés (o quizá por cansancio) no la fotografié.

  Terminada la visita a la "finca superior" hice saber a mis acompañantes que daba por finalizada la excursión, emprendiendo el regreso arropados por el dulzón aroma de una higuera, bajando por las estrechas y empinadas escaleras de camino a "La Sala Maldad".

  Retador, miré hacia la tupida oscuridad de la sala, pero al no entrar, la mala presencia, esa incómoda energía se mantuvo reclusa allí.

  De nuevo en el anexo hundido dónde hay "las alas de avioneta" (o lo que hostias sean), pisando con cautela placas de fibrocemento (uralita, seguramente), continuamos la operación de salida. Al llegar a la explanada dónde comenzamos la aventura, se me hizo irresistible continuar un poco más…

  Al pasar por delante de la bóveda embaldosada de acceso al sótano me dio un ánimo inhabitual de visitar el piso más bajo y tenebroso de todos edificios, y no miento al decir que en 22 años de carrera JAMÁS me he metido en un sótano. NUNCA.

  El sótano es cómo un inframundo, y me da cierto reparo. También que la historia criminal está bien atiborrada de sótanos en los que se han cometido acciones execrables, inimaginables, atroces, a las que también ha contribuido (o se ha nutrido) el cine de terror o el policíaco más crudo.

  -Bóveda del sótano:

  Por aquí empezaban las simbologías satanistas, generalmente cruces invertidas, cómo bien dijo el gerifalte del grupo en el que compartíamos ubicaciones, que me suprimió, apoderándose de una parte de mi trabajo, altruistamente compartido (¡qué os rinda! Us el podeu fotre pel c*l!).

  Antes de acometer la acción, siguiendo un corriol desdibujado entre las ramas y la lacia hierba, encontré una puerta a otro anexo, que parecía no ofrecer mucho, o eso creí en su momento, ensartado cómo estaba cómo por alambre espino, por unas ramas afiladas y punzantes.

  -Puerta del anexo inexplorado:

  Aquella bóveda tan llamativa me llamaba más que esto, y las espinosas ramas parecían hacer oposición a mi entrada al recinto. También que el sol empezaba a ir a la contra, y no logré ver nada más que sombra. Lancé la foto con el ánimo de que el flash delatara lo que mi vista no lograba descodificar, pero el resultado fue este: lo que parece una recia puerta metálica (parece tener un aspecto férreo, algo oxidada, cómo si fuera blindada o algo, o quizá esté haciendo suposiciones muy elevadas) y un vasto zarzal que prometía dejarme la ropa cómo el taparrabos de Tarzán, y no estoy para ir por ahí correteando en cueros cómo un Adán sin su Eva (al cel sigui…)

  Cubriéndome la cara con los brazos, fustigándome con las ramas, tropezando con desniveles, salientes y demás, regresé a la bocana del sótano con un ánimo excelente y la extraña sensación de qué "algo" me permitía deambular por allí. Es difícil de expresar, pero es la más pura verdad. Al entrar la primera vez el 25 de agosto (2019), algo me decía "fuera, largo" y me incomodaba para no hacerme agradable la estancia, pero pasado el rato, en aquella segunda ocasión (28 de agosto de 2019) las cosas terminaron por cambiar. Al irme animando, el lugar parecía cambiar su postura hacia mí, anteriormente contrario a mi presencia. Sólo se me hizo antipática la zona de las cuadras y la "Sala Maldad", que fue dónde percibí la más intensa sensación de repulsión, cómo nunca antes había sentido con tanto ímpetu.

  Metí dos pasos dentro del acceso al subterráneo, y me pegué un resbalón de campeonato con una placa de baldosas desprendida que ocupaba una parte del acceso. En la foto de la bóveda se ve: antes de llegar a la puerta, dónde hay un manchurrón en el suelo, la cantidad de runa acumulada que hace difícil entrar porqué marca mucho el desnivel, y al ir pisando, unas baldosas desprendidas me hicieron resbalar, estando al tris del descalabre, cómo decía, pero un reflejo gatuno me lanzó los brazos a derecha e izquierda, logrando agarrarme a la pared más baja y a la columnata de la esvástica. Pasado el susto, entré.

  En el rellano hay dos posibilidades: seguir recto camino del sótano o torcer en unas escaleras que no se percatan desde fuera, optando por lo segundo.

  Saliendo del sendero del anexo inexplorado, ahí dónde el zarzal, apagué la cámara, pues me quedaba sin batería, cómo me indicaba la propia cámara, pero una vez estuve dentro del pasillo descendente, a un paso de la bifurcación de escaleras, quise fotografiarlas, y no conseguí encenderla. ¡Y lo intenté! Pero nada. Cabreado cómo una mona salí al exterior, deteniéndome justo al lado de la columna de la cruz nazi, y notifiqué que me había quedado sin batería, y que no entendía por qué, pues aún estaba en la reserva, y en el exterior, cómo si quisiera tacharme de mentiroso, la cámara se encendió con el zumbido de descorrido de la tapa del objetivo.

  Asombrado con motivo, dije: Bueno, será que no apreté bien el botón…

  Encogí los hombros y volví midiendo los pasos para no volver a resbalar con las baldosas.

  De nuevo en el interior de la cripta, con la cámara encendida, hice la foto que quería hacer y que no pude efectuar antes porqué no se me encendió la cámara en el momento requerido, lo que propició que tuviera que salir.

  -Escaleras que no se percatan desde fuera:

  Subidas, llegué a un descansillo. A mano izquierda discurre un pasillito en el que aún quedaba un armarito (si nadie lo ha lanzado escaleras abajo) y a derecha, el acceso a un comedor. Algunos tramos suelo estaban rotos y alguien había colocado las puertas encima para evitar accidentes.

  En un rincón aún podía verse una mesa redonda, bufada por la humedad de la montaña.

  Arrimado a la pared, venciendo los rotos y con cautela, llegué a un cuarto en el que había un cofre de madera, libros desperdigados, libretas, figuritas de pesebre, un váter color pistacho en medio, y un cuarto de baño saqueado, sombrío y sucio que me hizo escapar sin lanzar fotos, hecho harto llorado que me queda pendiente para el regreso, pues mi deseo es ese: volver.

  Salido nuevamente al comedor, vi que, en la pared entre la puerta por la que había entrado y la anexa había una serie de manuscritos que, leídos con una leve atención parecen absurdos, sin sentido, pero una respuesta a una frase me hizo reír, y la inmortalicé en la siguiente toma:
  Riendo la ocurrencia y después de haber leído todo el panel, continué la aventura, encontrando un pequeño lavadero:
Pasado el lavaderito, encontré la cocina, aún levemente amueblada, pero sucia Dios sabe de qué…
  Pasillo adelante, más cocina:

  Y así hasta que me encontré lindando con una frontera: un montón de tablones blancos provenientes de un armario en el cuarto que llega pasado el pasillo de las cocinas, que, apilados uno detrás del otro cómo apaisadas fichas de dominó, me impedían pasar. Quizá no opté por la solución más acorde y cabal, pero les solté una coz monumental, cagándome en , despotricando amargamente, y el estruendo sobresaltó la quietud del lugar, haciendo que mis acompañantes exclamaran desde fuera, creyendo que me había descalabrado, costumbre muy frecuente en mis lances con la aventura. Calmados los ánimos con un grito, proseguí la pesquisa.

  La estancia contigua era un cuarto de matrimonio, deduje, pues entre las pocas prendas que había por el suelo vi un zapato de tacón, y las baldas que alguien había puesto en forma de cortapisa venían, claro estaba, del armario abierto de par en par que ahí se encontraba.

  Por un descuido me olvidé de fotografiar todo esto. Iba volado, todos tenían prisa por volver y me esperaban quejosos, así que iba cómo pollo sin cabeza, lo que no quita que fotografiara esta nimiedad qué no sé qué hostias es:

  Al final del cuarto hay una puerta, en aquel momento cerrada, pintada de verde. Entendí que la manera de terminar era pasar al siguiente cuarto, y lo hice, lo que estuvo a punto de hacerme pasar al otro plano: el suelo de la habitación contigua está hundido, y mi bota safari palpaba el aire en un paso fatal. Al fondo, ya en el sótano, la armazón de la cama con las cuatro patas para arriba, un armarito de baño (de esos de guardar la maquinilla de afeitar, las tiritas, el colutorio… tal), una bombona de butano, una lata de pintura (Tita*lux), y los tochos haciendo montañita. Si hubiera caído, las patas de la cama me habrían ensartado. En un momento así, se piensan muchas cosas.

  La puerta siguió su camino pasando sin ruido audible, rozando el aire, hasta que la maneta golpeó la pared del otro lado.

  A mi diestra había el pasillito del armarito, por lo que deduje que es un recorrido radial. Mirado con perspectiva creí que podía acometer una heroicidad kamikaze, y lancé la garra hacia el marco de la puerta del pasillo. Bien afianzada la mano, agarré la otra al otro marco. Moví un poco, a ver si los marcos zozobraban vencidos por mi mole, pero parecían soportar. Sonreí y pasé la pierna hasta el pasillo colindante. En términos horarios, de 5 a 7. Con el pie pisando suelo, lo más arriesgado: soltar una mano y agarrar eficazmente el marco del otro lado antes de caer, y todo ello con la otra pierna surcando el vacío. Eché el cuerpo hacia delante, dando cabezazo, mientras lanzaba la mano desde el marco al que me aferraba para agarrarme al del otro lado, y logré pasar el foso sin dar una vuelta.

  Junto al armarito, mientras me lo miraba con interés, lo vi claro: aquello no fue una heroicidad: fue una locura. ¿Y si se hubiera roto el marco? ¿Y si me hubiera resbalado la mano? No sé qué clase de chaladura me dio ni por qué hice lo que hice, pero lo hice, y así lo transmito. Y lo desaconsejo por completo: la fina línea que separa la existencia terrenal de la extraterrenal es muy fina, demasiado fina, etérea, y esta clase de idas de olla pueden finiquitar una vida. Lo hice, y muy mal hecho que está. Punto.

  Bajé las escaleras que había subido y terminé en el rellano, justo bajo la bóveda.

  En el exterior me indicaban la muñeca con gesto largo, pero les dije que me faltaba por visitar el sótano, y quise encender el móvil para ir con la linterna, y ¡vaya! No se encendió. Ahí empecé a mosquearme. Me pasaba igual que con la cámara, así que salí, para alivio de todos, sólo para encender el móvil y activar la linterna, volviéndome para adentro, con la cámara en las últimas y la linterna del móvil encendida. ¿Por qué razón sólo conseguía encender los aparatos en el exterior? Pregunté sobre ello y me hablaron de energías magnéticas, alteración de campos y demás, por lo que digo: no tengo ni zorra idea de por qué no los podía encender allí dentro. Cómo sea: en terreno abierto funcionaron bien, pero allí dentro, en la bóveda, por más que le diera fuerte al botón de encendido, nones. Cómo poco es un asunto que me ha dejado una enorme duda a lo largo de los años, pero las respuestas a esa pregunta eran tan técnicas que se ha mantenido en mí la duda sin atisbo de resolución. En otras palabras: con tanto fraserío perdí la cuenta y no me hallé satisfecho en una aclaración entendible por mi mente espongiforme.

  Casi al término de las escaleras me pasó lo mismo de antes: una placa de runa me hizo pisar mal y estuve a punto de caer de culo, pero la barandilla de la escalera, de suave y bruñida madera, me salvó del accidente a dos dedos de dar de culo en el escalón, lo que me habría fundido del todo.

  En el sótano, todo es oscuridad. Sin linterna no ves nada, y encima le prendieron fuego, lo que aún lo oscurece más, pero hacía un fresquito de lo más agradable. Una marcada diferencia de temperatura en contraste con el exterior.

  A la izquierda se llega a un recodo sin importancia, allí dónde está la cama, el armarito… todo lo que cayó (o tiraron) desde el piso superior.

  De vuelta al sótano desde la estancia paralela al derrumbe superior, encontré el pequeño arco que forma un hueco en la escalera, que miré con atención por si había alguien agazapado en la oscuridad de la oquedad.

  Montones de ropa amontonados de cualquier forma impedían que me oyera pisando el suelo. Entonces la vi: una impresionante alacena, un enorme armario, calcinado pero llamativo, que fotografié en varias tomas:

  Arrimadas a la pared había muchas botellas de cristal, aparentemente antiguas, otras más nuevas, de plástico, y una lata de gasas que delataba antigüedad, al ser de hojalata (ahora las despachan en cajas de cartón, que es más barato que el aluminio).

  Satisfecho de las fotos realizadas, continué mirando a todos los lados, pues el sótano es bastante ancho y largo, y la linterna no lo iluminaba del todo ni de lejos.

  Al poco llega una cocina, que me sorprendió, pero que no fotografíe en el momento. Sólo al regreso lo hice, por lo que la hora de toma es distinta y no sigue el orden cronológico de las demás.
  En este punto, una pared medianera corta el sótano, pero alguien la reventó para hacer accesibles ambos sótanos (recuerdo que la Finca 1, la que está peor, tenía acceso al sótano desde unas escaleras integradas en el piso, escaleras que están hundidas y que derivaban al sótano al que accedería desde el boquete de la pared medianera). Una vez se franquea el agujero (con esfuerzo en mi caso, que casi no me pasaba el cuerpo), aparece otra cocina, correspondiente a la Finca 1:

  Esta cocina está justo debajo de la bóveda que se ve en la foto dónde hay la platea roja y el casco amarillo, lo que corresponde a la única entrada practicable a la Finca 1.

  En la foto no se percata muy bien, pero desde el ventanuco de la bóveda se puede ver la explanada, y desde ahí vi las piernas de algunos yendo y viviendo. También que al llover entra agua y tierra por la ventana, amén de las plantas que asoman por la ventana de la cripta. Fruto de esto, aparece este esbelto tallo en medio de la foto. No es un arreglo, era una planta.

  Otra cosa que me llamó la atención aquí fue esto, que no sabría decir qué era (quizá una fregadera, un hornillo o algo similar):

  Pasada la cocina y un cuartucho sin interés, lleno de cruces invertidas y demás garabatos absurdos, sorprende ver semejante chimenea. Es enorme y bien bonita, por más que algunos quieran decorarla con un gusto muy tronado:

  Pero la cosa no acababa ahí… siguiendo por el lado de la viga, remontando un talud de runa, aparece el acceso al sótano de la Finca 1, ahí dónde las escaleras se han hundido. Si recuerdan la foto, recordarán que hay una puertecita entreabierta. Ahora la tenía a tiro, y para allá que me fui, llevándome una pequeña desilusión:

  Nada más que este pequeño váter, mellado cruelmente, y la llamativa botella amarilla (que pensé que era de lejía, pero no…) esperaba ser redescubierto en el misterioso cuartito.

  A su lado, otra puerta, la que corresponde a la habitación "de La Mala Caída". Detrás de su puerta hay (o había) una carcasa de plástico de moto Yamaha.

  Sin nada más que ver, tocaba el regreso, el paso forzado encogiendo la panxolina para traspasar el muro, momento en el que fotografié la primera cocina, y llegado al pie de la escalera pensé "¿por qué no sacar una foto de la barandilla?"

  Sea. Ella me salvó de otro percance, y así le rendía el merecido homenaje. También a la placa de runa que casi me hizo caer. El Ying y el Yang (y por poco, también el Patapám).

  Acariciándola al paso fui subiendo sin pisar muy fuerte, hasta que, de nuevo en el rellano que bifurca ambas escaleras, me dio por sacarles otra toma:

  El escaso sol de la tarde veraniega me cegó al salir, y me tuve que cubrir la cara con las manos, manchadas de polvo, con lo que me tizné el rostro. El sudor que me caía a chorro me lo dejó pegado a la piel, y fui dando la nota, pero más feliz que un pollo en una era.

  Llegando a Montigalà, la noche se nos comía, y los susurros del viento y de algunos sujetos ocultos entre las matas dando rienda suelta al amor sin compromiso, eran las notas más vulgares de una aventura que, aunque inconclusa y pospuesta sin fecha, me devolvió la ilusión por retomar esto que llaman Urbex, pero que mi maestro y mentor, mi padre, Ramón, llamaba, con su cerrado accent lleidatà, "fer la cabra". Aquí volvieron mis ganas, espoleadas por gente virtuosa, que me ha ayudado mucho en algunas investigaciones.

  -De regreso a la B-20, zona próxima a Ca L’ Alemany. Polígono Montigalà:

  Llegamos a casa cansados y satisfechos, constatando que la vuelta no había sido tanto cómo creíamos, quizá porque tomamos el camino más corto (la siguiente captura de pantalla corresponde a la app "Podómetro S-Health" de Samsung):

  Acabaría así, pero he olvidado algo. Hay un detallito que me gustaría postear, pero, a fin de preservarlo, oculto la hora de toma de la foto para que nadie pueda hacer el seguimiento de las horas de captura y lo localice:


  Últimos Apuntes: (14 de Noviembre de 2021).

  He estado reservando este post de forma deliberada a fin de dar tiempo a recibir respuesta de los distintos lugares a los que he remitido dudas y preguntas, cómo las tramitadas a l’ Ajuntament de Badalona, desde el que me respondieron con la mayor con amabilidad que no podían ayudarme, derivándome a un cuestionario electrónico, cómo si eso fuera a resolver las dudas que les planteé.

  Ni la Diputació de Barcelona ni el Consorci del Parc de la Serralada de Marina han dado luz a mis sombras, que perduran a la espera de una respuesta que doy por perdida.

  Contactado también el Monestir de Sant Jeroni de la Murtra y formuladas las preguntas de rigor, igual que los anteriores, ha declinado hacer declaraciones por el infalible método de la callada por respuesta.

  Distintas asociaciones vecinales sí han respondido con la mayor cordialidad, pero no han podido exponer respuestas a mis preguntas. Igualmente hago público mi agradecimiento por haber contestado a mis molestos requerimientos. Si bien el resultado no ha sido el esperado, el trato ha sido paciente y exquisito. Muchas gracias.

  Los "Últimos Apuntes" terminan con una pequeña galería fotográfica, pues algunos, en "La Fase de Instrucción del Caso", preguntaron sobre los "plomos": pues bien, los plomos son (eran, ya no funcionan así las instalaciones eléctricas), una suerte de fusibles que se enroscaban en las oquedades menester, de manera que, ante una subida de tensión eléctrica, un fino cable se rompía, lo que interrumpía el fluido eléctrico. Gracias a la colaboración de un electricista forofo de estos temas, además de coleccionista, he podido acceder a esta singular pieza, que, en un gran gesto de amabilidad que agradezco en cantidad, me ha hecho extensible para que pudiera documentar este anexo.

  -Esto es un plomo (y yo también):

  En la tapita se ve la tensión máxima, siendo el caso 250V-30A:

  Si abrimos la tapita (a rosca), veremos el filamento que hace de fusible. Una vez se rompía, o se cambiaba por otro o se cambiaba todo el casquillo:

 

(4.8.24): Hace unas fechas regresé aquí, y grabé un vídeo.

 https://youtu.be/TPYHB2WyQvY?feature=shared

 https://youtube.com/playlist?list=PLmzjrKOTeBObSX5ncSaXGdzaBtOpkjQSO&feature=shared


   El Fantasma del Vallès.

 

  TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS (SALVO LAS INDICADAS) Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL AUTOR.

 

(Si alguien conoce de algún lugar interesante que merezca la pena visitar por la zona del Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, els Vallesos (Vallès Occidental i Vallès Oriental), y quiere que le haga una ficha, gustoso procuraré de visitarlo cuándo me sea posible. De igual forma, procederé a mencionar al lector que me lo proponga. Este es mi mail: elfantasmadelvalles50@gmail.com)

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