12. Operació “Can Ferrera” (P. 1 i P. 2) (3 i 4.4.21)

  Este lugar me pasaba desapercibido, y lo conocí por el blog de “la chica fotógrafa”, gracias a la que he ido conociendo muchos sitios, y me interesé por él de inmediato.
  Nos pusimos a ello pasado el tiempo menester para encontrar un hueco, desengrasar el kit de exploración (la cámara, las cintas, la radio, el mapa, y las botas de urbextigación), pues desde la aventura de Viscarda no hacíamos nada.
  La comunicación con la zona no es mala, el problema es que se entra a la zona por una calle secundaria, y si te despistas (cómo fue en el primer caso) y no tomas la avenida central, acabas en una ronda de camino a la autopista, sin posibilidad de dar la vuelta, cómo nos pasó en la primera ocasión, obligados a regresar un buen trecho hasta poder tomar el camino de regreso, y llegar al cabo de un buen rato con la luz de baja y el tiempo justo para verla con los tonos añiles del fin de la tarde:

  -Primera foto de “Can Ferrera”:
  Con la mala luz que había, sólo pudimos perimetrar. Conocer los caminos, accesos y vías de escape, los sitios dónde aparcar y las vías más rápidas para regresar a la carretera en caso de ir mal dadas, siendo cómo es que hay una comisaría muy cerca, y alguna gente quisquillosa haciendo de vieja del visillo por la zona más inmediata.
  Antes de marcharnos, cómo despedida, saqué la última foto de aquella primera vez:
  -”Can Ferrera”, Parte 2 (4.4.21):

  -Ahora sí —me dije al salir del coche.
  El sol brillaba, aún había horas por delante, y no nos habíamos equivocado en la ruta.
  -Ragazzo, al lavoro.

  -”Can Ferrera” desde dónde la fotografié por primera vez, pero con mejor luz:

  Íbamos bien contentos, ¿cómo no? Y constatamos lo que las voces autorizadas ya decían: el sitio es enorme, pero poco se puede visitar, dado el mal estado en el que se encuentra.
  Los árboles reclaman lo que es suyo, y si se pasa muy deprisa, el lugar queda inadvertido.
  En primer término, la capilla. Por detrás, la gran masía, delatada por el alto torreón.

  -Capilla. Por detrás, “Can Ferrera”:
  Antaño se podía acceder en coche. Actualmente (2021) lo prohíbe una cadena al comienzo del camino.
  Saqué unas fotos del cartel de la entrada (que luego borraría porqué no me quedaron bien, repitiéndolas a mi salida), y comenzamos en serio la operación.

  -Enfoque de la Capella y la torre de “Can Ferrera”:
  Avanzado un estrecho camino en el que unas bragas negras se delataban enredadas entre unas zarzas, apareció la Capella, que me costó un poco encajar en el objetivo:
  Maravillado, avancé unos pasos y casi suspiré sobre su fachada para efectuar esta toma:
  Pocos detalles quedan. Por lo poco que sé, toda finca lleva unos 40 años a merced de vándalos e irrespetuosos, y muy poco se preserva.

  -Baldosas rotas en la Capilla:



  Las obras de consolidación de los edificios que conforman toda la finca salvan algo, sabiendo que el tejado de la Capella se había hundido, pero el estado general es bastante lamentable, y es una gran lástima.

  -Rosetón de la Capella:
  Las paredes de la capilla presentan algo de hollín de una fogata que parece un tanto antigua. No al menos, no veo hollín en el tejado, por lo que deduzco que es anterior a la puesta del techo, y los chorretones del agua de lluvia han lamido el hollín, dibujando unos curiosos trazos en la piedra que el sol realzó.
  Continuamos desperdigados, patrullando la zona, comunicados por el Walkie de la frecuencia 40, generalmente vacía, y salgo de la Capella por unas escaleritas que salen a una sala sin techo que luego se abre en dos puertas:
  (El código de tiempo no cuadra porqué tomé esta foto al regreso de las salas contiguas, pero el orden es ese: se sale de la capilla y se llega aquí.)
  La puerta bajo los caracteres “asm” corresponde al acceso a la Capella. La de debajo de “all” dirige a una pequeña sala con pinta ser una cocina, pero el lamentable estado en que se encuentra hace imposible suponer mucho más. Puede ser cualquier cosa.

  -Lo que parece ser el soporte dónde había una fregadera:
  Basándome en estos siguientes indicios, creo que esto era una cocina, por el hecho de que, al girarme después de esa foto, viera esto…

  -Un estante y un armarito:
  …parece confirmar esa hipótesis.
  Cómo sorprendente nota, un par de bidones del año de la pana (ya no se conservan. Desaparecieron en algún momento de 2022):
  Y detrás, el detalle del morbo más nefasto: una funda de Burrex. ¡Cómo no hay cama…!
  ¡Hostia, pues sí! Pues vaya ganas de hacerlo de pie, ¡pudiéndose tumbar…!
  Suspiro y miro hacia “Can Ferrera”, que, muy cerca, destaca por entre las matas y los vestigios de lo que fue un cuarto:
  Regreso a la cocina bajando unas escaleritas, medio borradas por los sedimentos arrastrados por las lluvias:
  En algún lugar me llama la atención encontrar una baldosina del antiguo tejado de la Capella, muy maltratada, pero reconocible:
  Ahora, en el exterior, sacaba la toma de las puertas a la Capella y a la cocina, regresando al interior de la capilla y al rosetón, creyendo que no lo había fotografiado antes, tonto de mí:
  Dejo atrás la Capella y resigo el muro que conforma la sala sin techo anexa a la capilla, y una ventana encuadra una vista de lo más llamativa:
  Continúo mirando por allí, echando un ojo por la fronda, descubriendo un árbol que marca el paso del tiempo por cientos.
  De vuelta intento mostrar el pequeño tejadillo de baldosina verde que aún resiste en la fachada de la capilla, pero no lo consigo.
  Desde el camino de “Can Ferrera” lo intento otra vez, pero quedan muy pocas baldosas en el tejadillo, y las que más se ven son las marrones, siendo las verdes, de las que quedan menos, las que están al borde del alero.
  Poco a poco, a medida que dejamos atrás la Capella, la impresionante masía se presenta:
  Imaginamos poder subir a la torre y tomar las vistas en 360, alucinamos, nos emocionamos pensándolo, y continuamos.
  El torreón sigue haciéndonos babear…
  Vamos llegando a la parte trasera de la finca, sorprendiendo un balconcito que emerge de la retaguardia del torreón de la finca.
  Seguimos el camino y encontramos una entrada trasera en el muro:
  Entramos al recinto, y un banquito de baldosas nos da la bienvenida, algo comido por la hojarasca y las ramas más bajas de una higuera:
  Desde dentro del recinto, el portalón luce así:
  Entonces vuelvo a salir porqué me llaman. Alguien ha visto algo entre la hierba, y quiere que lo vea. Y sí, es algo curioso:
  -¿Una bota de esquí, o “esqué”?
  Entramos otra vez, y “Can Ferrera” destaca así, detrás de los arbolitos que colonizan lo que ayer fue camino:
  Pasados los arbolitos…
  Y centro la atención en el balcón, con el irrefrenable deseo de pisarlo, imaginado las vistas:
  Optamos por ir por partes, y examinamos con lupa el jardín.

  -Un “moscabrón”:
  Y al poco, un detalle de lo más singular. Un banco de cerámica con una serigrafía que corresponde a las siglas del nombre y apellidos del propietario de la torre (R. T. R., en caracteres minúscula, menos la T, vueltos del revés):
  La sombra que se proyecta en el banco es la de un servidor. Con un poco de zoom lo intento otra vez…
  …pero el sol me da de espalda, y aquí estoy otra vez. La sombra que siempre he sido.
  Un poco más allá, “la hiedra se come la piedra”:
  Y el liquen vive dónde el árbol ha muerto:
  Muy cerca aparece una caja de caudales, oxidada, bocabajo, encerrando, quizá, un secreto…
  Antes de voltearla, otra toma, más próxima:
  La giramos, y salió corriendo una tijereta. Debajo ya no hay nada. A su lado, un pequeño agujero en la tierra delata que hace muy poco que la han desenterrado, llevándose, si lo había, su contenido. Abandonamos todo tal cuál estaba y seguimos paseando por el jardín, encontrando un sencillo banco de cemento casi desaparecido bajo las matas.
  Paso a prestar atención al porche, sencillo en apariencia. Pronto empieza a mostrar pequeños detalles que me son de interés.


  -Baldosas romboidales del suelo:
  Al final del porche, el leve vestigio de las baldosas de la pared:
  Desde ahí miro hacia fuera, y a mitad de columna, el capitel serigrafiado me ofrece una toma muy difícil de consumar.
  Salgo del porche para encararlo de frente:
  Bordeamos la fachada y llegamos a un abrevadero. Algunas moscas zumban alrededor. Algo de verdín de algas enturbia el agua en la que la gente más marrana ha dejado rastro de su paso:
  La primavera sigue abriéndose camino, ajena a todo lo demás…
  Seguimos paralelos a la fachada lateral y encontramos lo que queda de lo que fue una entrada a la finca:
  La fachada principal no ofrecía posibilidades.
  Uno señala la ventana y especula que si hiciéramos un castell, quizá…
  Otro dice que en 2009 se podía pasar ampliamente por la puerta, y me mira con una leve sonrisa.
  -¿El ‘Fantasma’ no puede traspasar los muros?
  -Què graciós!
  Un pequeño mural de baldosas permanece cómo fustigado testigo de un pretérito esplendor, condenado a la extinción:
  A lo lejos vemos un buen montón de iglús verdes, y uno, cómo puesto de capricho, parece motivar una hazaña en la que muchos piensan, mirándome con deseo, al ser yo el más alto.
  -Súbete encima y salta —me dice uno.
  -Soy un fantasma figurado. ¡No quiero serlo literal! —exclamo.
  Y la cosa no pasa de ahí.
  Al pie del contenedor, impreso, la fecha de fabricación:
  -¡Esto debe ser cosa del Efecto 2000! —salto, haciéndome el gracioso.
  Ni caso. La broma no cuaja, y seguimos camino.

  -Otro abrevadero:

  -Las almenas del muro:


  -“El Cementerio de Elefantes”:

  -Los adoquines del patio:

  -Un contenedor, convertido en refugio animal:
  Merodeo por ahí echando vistazos a todos los iglús, sorprendiéndome de lo antiguos que son algunos:

  -De la Generalitat de Catalunya (Años ’80):

  -Generalitat, 1999:

  -Gobierno de España (Años ’90-‘00):
  Cuento contenedores de vidrio en cantidad, y son tantos que casi prefiero omitir los más rimbombantes.
  Cotilleo entre las plantas, ¡y aún hay más! A lo lejos, “Can Ferrera” no nos quita ojo:
  Sigo entrando por entre las plantas, sin saber por qué, cómo si buscara algo que hubiera perdido, y veo lo que quiero creer fuera parte del mobiliario original de la finca:
  -Un bol:
  Unas tímidas flores asoman del tallo de una frondosa planta, allí dónde se acumulan los contenedores más visibles:
  Y cuándo parecía que no podía ver más… ¡Toma Geroma, pastillas de goma!
  Y un ejemplar en muy buen estado…

  Con interés me los miro, preguntándome el porqué de tanto contenedor abandonado, y me sorprendo al ver que algunos aún almacenan botellas del año del trilobites en su interior.
  -Y por si no fuera poco… tres más:
  Dejo atrás muchas tomas de los iglús. Estas eran las más representativas y relevantes.
  Continuamos la patrulla por el otro lado del jardín, y aparecen unos juncos. Entonces me pregunto: ¿Habría un lago en el jardín?
  Entre las hierbas se dibuja cómo un cerco de obra, y en algunos tramos, casi a ras de tocho, aún se ven los restos de una valla metálica, cómo si ahí hubiera habido un cercado o un lago. De lo que fuera, sólo quedan indicios para construir hipótesis sin respuesta en la imaginación. Más arriba… ¡Guau!
  Subo unos pasos, pero oigo voces y me interno por el jardín hasta desaparecer. Cuándo ya no las oigo, aparezco de nuevo y voy a ver mundo:
  -Otro abrevadero (o comedero):

  -Y otro más, en la misma zona:
  No muy lejos, un cacharro escacharrado abandonado entre las matas da testigo de hasta qué punto la gente busca la primicia, y tal riesgo corre que quién fue a Sevilla, perdió su silla.
  -¡Black Hawk Derribado!
  Y sí, lo que parecía imposible… ¡se volvió posible!
  Mi falta de agilidad me lo puso muy peliagudo, pero a cabezota no me gana nadie. En la hazaña terminé por hacerme daño en la pierna, y ya montado a horcajadas sobre el muro, mandé recuerdos a Poncio Pilatos, que, igual que yo, saltó un muro y se quedó sin apellidos.
  Me encontré en el penoso instante en el que no veía por dónde meter el pie para evitarme el consiguientre leñazo. Por suerte, a tientas, encontré la pilastra, y todo quedó en un susto que me hizo temblar las manos y que quedó bien retratado.
  -Las cuadras (momento dedazo):
  La estructura de madera dónde se pone la paja a las reses se mantenía en un estado regular, suficiente para dar idea:
  Salgo y me encuentro en un patio descubierto. Una ventana en la pared me da idea de que, en tiempos, ahí hubo techo.
  Por allí encuentro una puerta, y más cuadras:
  Una vez dentro…
  Y salgo.
  Al lado de esta puerta se abre otra, y pasado el umbral, “Can Ferrera” se abre a la vista. Lanzo una foto, y el flash alerta a un chico que forma parte de un grupo de exploradores, que asoma por una puerta baja y me saluda:
  Su estado es ruinoso, y lamento verla así. Prácticamente inaccesibles los pisos superiores, centro el interés en la planta baja.

  -Lo que parece un portalámparas, intacto:
  Sigo mariposeando por allí, y no recuerdo dónde tomé esta foto…
  -Un armarito empotrado:
  Paso al ala anexa, y su estado es mucho peor. Lástima.
  El otro ala está también en las últimas, pero aún se delata algo...
  -Acceso a la capilla interior de la finca y un armarito cerca de la pared:
  Cruzo rápido la sala y me meto en la otra habitación, que es cómo una capilla, y encuentro algo que me hace dudar sobre algo que había leído: En 2010 falleció un chico en un accidente en este lugar. Se habla de que cayó de un piso, lo que le causó la muerte. A la luz de esto, mi mente de retorcido escritor se pone en marcha. Si fue un accidente, ¿cómo se justifica esto?
  El suicidio no deja de ser un tema tabú, silenciado para evitar el efecto llamada. Con eso no se consigue nada. Quién quiera morir, buscará la manera, se hable o no de este tema, y creer que haciendo mutis se acalla el efecto llamada es una necedad. Ese efecto no existe. Nadie se suicida porqué otro se suicida. No para ser más que otro. Nadie se suicida porqué Fulano se suicida. ¡Fulano se ha suicidado y yo no! Pues venga… ¿Se lo puede creer alguien? Es un tabú, y lo seguirá siendo mientras la gente pugne por callar o negar este suceso, en vez de prevenirlo.
  A un lado de la sala de la capilla de la finca, en lo alto de una pared, hay lo que parece una vitrina de mármol, en la que habría figuras sacras que, por bien o por mal, han desaparecido:
  Desde la puerta de la capilla de la finca, la vista de la sala es imponente:
  Colgado de la nada, el dintel de una puerta y la ventana de lo que fuera un cuarto se ve únicamente desde el piso inferior:
  Un último detalle me hace volver atrás:
  -Estante de mármol en la capilla.
  Sigo patrullando sin recordar muy bien por dónde me metí, encontrando una especie de fosa séptica o pozo ciego. La escalera era de madera y estaba anclada a la pared. Actualmente está caída dentro del pozo. Este lugar representa un serio peligro. Es un pozo muy hondo, y hay que extremar la precaución para no caer dentro (en 2022 se construyó un murete que delimita el acceso al foso. En esta ocasión aún no había sido construido).
  Salgo a la nave central y subo por un talud de runa para acceder al segundo piso, por dónde empiezo a merodear procurando no ser visto por los compañeros que también patrullaban la finca.
  -Una habitación reventada (Segunda Planta):
  Pasado el boquete, los restos de una hoguera en la que se ha quemado ropa y un libro:
  Dado un paso atrás encaro las escaleras de camino a la torre…
  En algún sitio del techo se ve la clau de volta dónde antaño pendía una lámpara:
  Continúo por la segunda planta, aprovechando que la sala dónde estaba el grupo queda vacía.
  El ribete que corona el fin de la mampostería se mantiene a ratos…
  Un armarito al fondo de la estancia está más o menos aceptable…
  Y fotografío el suelo, ese que, según dicen, cedió bajo un chaval.
  Sigo la pesquisa y termino, sin recordar cómo, en lo que parece un cuarto de baño, pero está tan mal que cualquiera diría…
  Y de nuevo el suelo, sorprendentemente sencillo…
  Sigo cómo vaca sin cencerro…
  -Un armarito empotrado en un estado de conservación excelente:
  Subo camino al torreón, y una voz me habla desde arriba:
  -¡Si quieres subir no creo que puedas! ¡Está todo muy mal! ¡Creo que no se puede!
  Agradezco la información y bajo las escaleras. ¡Lástima!
  Y hago otra toma de las escaleras, tomándolas con más detalle:
  Desde la nave central se filtra un rayo de luz desde la única ventana abierta que se veía en la fachada principal, cuyo efecto sobre el polvo suspendido es curioso de ver, pero que la cámara no capta:
  Y vuelvo sobre lo mismo…
  -La Nau Central:
  Sólo los hierros y los rotos delatan dónde había suelo, y es una pena que esta joya esté así. ¿Por culpa de quién? De los que se dedican a la destrucción. No veo otro culpable. El tiempo sólo es el cómplice con menor carga inculpatoria.
  De nuevo en el patio, en terreno abierto, me fijo en la puerta frente a la que hay el primer iglú:
  Y ahora sí, el adiós.
  Comunico la despedida por radio, y me sorprendo al constatar que soy el único que ha allanado la morada. ¿Por qué? Los demás saben mejor que yo cómo es por dentro, lo que no conocen es el jardín y el terreno circundante, en el que se han integrado en busca de vestigios que otros visitantes anteriores a mí han ido reseñando.
  Cómo decía antes, fotografié el cartel, pero me salieron mal las fotos y las borré. Al salir del camino, repetí las tomas, y esta vez sí, quedó “bien”.
  -Cartel informativo de las obras de “Can Ferrera” (censurado por petición popular):
  Voy de camino al coche, lleno de polvo y con una herida en la pierna que me hice al entrar, pero quién algo quiere, algo le cuesta.
  La capilla asoma junto con el torreón de “Can Ferrera”, y lanzo otra, del más (probablemente) mágico y cautivador lugar al que me he enfrentado, después de la magestuosa Puda de Montserrat (1997-'98), Balneario La Hermida (2000) o la estación de Canfranc (2002-‘05).
  Y cuándo parecía que no quedaban más… ¡Otro iglú! (bajo “sm”):
  Y la última. La despedida a “Can Ferrera”:
  Pero aún quedaba cuerda para rato. El día aún no había dado de sí toda su quintaesencia, y emprendimos L’ Operació Can Totxana, pero eso es otra historia…

   El Fantasma del Vallès.

  —Últimos Apuntes— (10, 13 y 14 de agosto de 2021)

  La cosa no habría pasado de aquí, pero, por alguna razón me dio por investigar un poco más a fondo este lugar, y me llevé una sorpresa muy llamativa que no quería dejar de lado, por lo que tomé otra vez este borrador y le añadí estas y algunas líneas más.
  La experiencia personal me dejó muy buen sabor de boca, quizá abreviado por no haber podido llegar al tercer piso ni más allá, pero me fui cuestionando preguntas a lo largo del tiempo, y aprovechando unos días libres, me zambullí en el Internet, rascando de cuánto había. Podría haber reseñado la anécdota del tren, que hizo salida con demora (un clásico intemporal) porqué esperaba al señor Torres Reina, pero cómo la mayoría de los que han escrito sobre este lugar ya lo han hecho, he querido ir un paso más allá, y rescatar lo que no se ha rescatado, consiguiendo unos datos curiosos, y tras un buen repaso, me corrijo en un término: cuándo decía que esta finca lleva 40 años deshabitada, cometo un error que otros antes también han cometido. No deben ser tantos años, serán unos 20 muy mal llevados (en 1999 estaba habitada de forma ocasional).
  Más aún: es cierto que murió un hombre ahí. Me ha costado mucho dar con la reseña, pero he contado con muchas ayudas, a las cuáles saludo en estas líneas.
  Cito la noticia, en resumen:
 “Un vecino de Santa Coloma de Gramenet, de 32 años, falleció este lunes (11 de octubre de 2010) en …, poco antes de las once de esta mañana, cuándo la víctima intentaba arrancar una reja de hierro con una polea y un cable de acero. La víctima estaba acompañada de otro hombre, que dio el aviso. La Policía requirió la presencia de los Bomberos para rescatar el cuerpo del fallecido, que quedó sepultado bajo la runa. Hasta el lugar del suceso se han desplazado cinco dotaciones de Bomberos, cinco patrullas de Mossos d’ Esquadra y efectivos sanitarios, que no pudieron salvar la vida del hombre. Según informó la Policía Local, los dos hombres estaban cometiendo un delito de hurto cuándo se produjo el accidente, pues habían forzado la cadena que impide el acceso a la finca, a fin de apropiarse de material ajeno.

  La Oficina de Patrimonio del Ayuntamiento del municipio dónde se encuentra esta reliquia hizo un buen informe sobre algunas fincas singulares, incluida esta, que llamé “Can Ferrera”, a finales de los ‘90. El texto original se presenta en mi catalán natal, pero cómo muchos de mis lectores no entienden el catalán, lo he traducido a castellano (simple y llano). En dicho informe se incluyen fotografías de años pasados que muestran muchos detalles de la finca que no han llegado a nuestros días, por lo que las he tomado en préstamo para ofrecer al valiente lector que llegue hasta aquí, una nota de melancolía, además de ofrecer con ello una información que, según parece, nadie más ha rescatado.
  Del informe al que pude tener acceso se desprende, a parte de unas fotos muy ilustrativas, la siguiente información, que he resumido y traducido, apuntando algunos renglones a fin de actualizar algunos parámetros que, con el paso del tiempo, han quedado obsoletos:
  “... fue una masía del siglo XVIII, reformada y ampliada a finales del siglo XIX. Durante muchos años fue la torre de veraneo de los promotores y su familia (—La familia Regordosa: Romà Regordosa Soldevila y Hortènsia Jover Cucuruny, y su hija, Maria de la Concepció Regordosa Jover.—)
  Una de sus hijas (—Maria de la Concepció Regordosa Jover—) se casó con un famoso torero de la posguerra, Ricardo Torres Reina, apodado “El Bombita”, motivo por el que se conoce esta torre cómo “Torre Bombita”. (—Su topónimo es “Torre de Joana” o “Torre Na Joana”, nombre que creo viene dado por una sierra próxima: la Serra de Joana, pero en tiempo anterior se la había dotado de otros nombres.—)
  No se han conservado planos originales de la construcción ni se conoce quién fue su arquitecto.
  … integra una capilla dedicada a Jesús del Gran Poder, añadida en el conjunto.
  Cómo en otras torres construidas a finales de siglo, en los años de máximo esplendor poseía, en la parte trasera del conjunto, una pista de tenis, actualmente desaparecida. (—Hay fuentes que aseguran que la pista de tenis aún existe, pero que está tapada por la tierra. Incluso he visto un vídeo en el que aparece de refilón, pero no pude encontrarla en aquella primera visita, pero aún existe, oculta bajo la tierra en el jardín, cómo podría constatar en visitas posteriores.—)
  La torre es propiedad del Ayuntamiento de M. R. desde 1985, fruto de una cesión gratuita de Ricardo Torres Rocamora (—El nieto de Bombita II; Ricardo Torres Reina—). En la actualidad (-1999-) es una granja de caballos.
  … es un conjunto de edificaciones de formato masía-torre de veraneo, con capilla, naves y cuadras, masía de planta baja con dos plantas de piso, buhardilla, tejado de dos vertientes a dos niveles con tejas árabes; en la parte de atrás sobresale una torre con cubierta en el pabellón. En el lateral de levante tiene adosadas unas naves para establos de caballos. Los muros son de carga; algunos elementos son de ladrillo macizo, cómo las rinconeras, la ampliación de poniente, y la torre. El resto es de piedra sin carear. Los forjados son de vigas de madera y bovedilla de baldosa.
  El techo de la ampliación de poniente está hundido (—1999. En la actualidad, los techos hundidos han sido reparados con planchas metálicas.—)
  La fachada principal es de estilo basilical, orientada a mediodía y protegida por un muro que separaba el patio de la masía y el jardín de los propietarios; tiene una composición casi simétrica, de cinco cuerpos, con el central un poco más alto. La masía original tenía tres cuerpos centrales, resultando los otros dos de la ampliación de finales del siglo XIX.
  En el eje de simetría, centrado, hay un portal de arco de piedra con una pequeña moldura*, un balcón con barandilla de hierro forjado, una ventana con alféizar y proporción vertical junto con un grupo de tres aberturas de arco de medio punto en la central más alta. A cada lado del eje central hay una hilera de tres ventanas, destacando la del primer piso, de piedra arenisca color beis. *(—Entiendo que se refiere a una moldura labrada en la piedra que aparecía en el pilar de un portal, que se conserva en el Museo del municipio. Creo que estaba en el acceso más próximo a la finca, allí dónde sólo queda la pilastra que fotografié. En la investigación posterior pude ver la fotografía en cuestión en el Facebook de “Salvem el Pla de Reixac-Rocamora-Polvorines”: —)
  En la planta baja hay dos portalones, y en la planta piso, una ventana de arco de medio punto. En la banda de poniente, la ventana se ha convertido en un balcón soportado por pilares y baranda de balastros cerámicos*. En la fachada lateral del cuerpo de poniente hay restos de la escalinata de acceso y siete ventanas de arco de medio punto que iluminaban el comedor. (*—El balcón de balastros cerámicos ya no existe. Estaba en la fachada principal, mirando hacia la Capilla. Cómo único testigo resiste un pilar en la fachada, junto al agujero que queda en el lugar dónde se encontraba el balcón.—)
  La torre, fruto de la ampliación de finales del siglo XIX, tiene cinco plantas, incorporando ventanas neogóticas germinadas en la segunda y en la tercera planta; en la cuarta hay tres ventanas de arco de medio punto por cada cara de la torre, y en la quinta planta hay seis módulos por cara que soportan el alero de la cubierta, teniendo aberturas entre cada módulo. A tocar del muro de cierre del patio y a un nivel inferior se encuentra la Capilla … con un campanario de espadaña a dos aguas con teja vidriada de encaje, de colores verde, amarillo y rojo, con crestería. La cubierta está medio hundida. (—El informe es de 1999. En algún momento posterior, el techo de la capilla se hundió por completo. Actualmente, las obras de consolidación la han dotado de un tejadillo de plancha metálica, cómo al resto del conjunto. De las baldosas no quedan rastros.—)
  El portal es de arco de medio punto. Sobre él, el rosetón con forma de trébol de cuatro hojas. (—Consultando mis fotos en busca de esto, no he encontrado la forma de trébol, por lo que deduzco que quizá se haga referencia a la vidriera del rosetón, o al otro rosetón, el que está al lado del anexo “de la cocina”, cuyo estado es mucho peor, pasando de “rosetón” a “ventanal”. En caso de referenciarse las vidrieras, de ellas ya no queda nada. En cualquier caso, el rosetón propiamente dicho no tiene “cuatro hojas”, si no cinco, según yo lo veo.—)
  Es de destacar la vegetación centenaria del jardín, resaltando la palmera y el portal pre-modernista del patio del lado oeste, el muro de almenas y los restos de una pista de tenis en el lado norte. (—No vi (o no supe ver) ninguna palmera, ni encontré la pista de tenis, por bien que existe, oculta bajo tierra y matas en algún lugar del jardín trasero.—)

  ->*Ricardo Torres Rocamora (“Torpede Torres”; Barcelona, 4 de mayo de 1955) es el nieto de Ricardo Torres Reina, Bombita Chico ó Bombita II. Fue jugador del FC Barcelona Hockey Patines de 1970 a 1980. Su padre es Román Torres, el único hijo de Ricardo Torres Reina y su esposa, Maria de la Concepció Regordosa i Jover De Torres Reina.*<-

  Este era el resumen del informe al que pude tener acceso después de arduas tareas de investigación. Las fotos contenidas y tipografiadas con marca de agua en blanco corresponden a las fotografías incluidas en dicho informe, confeccionado por l' Oficina de Patrimoni Arquitectònic de l' Ajuntament, excepto la del escudo de la finca, que procede del Facebook de “Salvem el Pla de Reixac-Rocamora-Polvorines”.

  -”Can Ferrera” en 1999 (Fuente: Oficina de Patrimoni de l’ Ajuntament de M. R.):
  En aquellos tiempos seguía habitada. En esta toma se percibe mucho mejor cómo era esta masía en los tiempos en los que el trato era algo mejor que en los venideros:
  -Primer plano de “Can Ferrera” en 1999 (Fuente: Oficina de Patrimoni de l’ Ajuntament de MiR.):
  —> Bajo "ment" se ve el balcón de balastros cerámicos. También se aprecia en la imagen otros detalles desaparecidos, cómo las chimeneas.
  Una foto llamativa. Se ven perfectamente las chimeneas, cosa que hace la tira que ya ni existe, un par de balcones, actualmente también desaparecidos… En fin, lo que queda es el legado de destrucción que cuatro mangantes han dejado tras de sí.
  Otra foto que me ha dejado muy sorprendido es la que llega a continuación. Parece tomada desde El Cementerio de Elefantes, allí dónde se acumulan los contenedores, mirando hacia la puerta dónde hay el primer iglú. Se percibe claramente (aunque la toma es bastante mala) un anexo que en la actualidad está derruido, y que correspondería al anexo por el que se podía acceder a través del muro.
  El balconcito de la parte de atrás sigue bastante igual a cómo estaba en aquellos lejanos tiempos…
  Otros elementos se han perdido irremisiblemente, cómo son las forjas de las vallas de los muros, las chimeneas y los balcones de la fachada principal:

  La Capilla aún tenía puerta… la foto es muy mala, pero tiene su valor:
  Metido en la investigación, ahondé en la historia del señor Torres Reina, resultando de Wikipedia y de otras fuentes la información siguiente:
  Ricardo Torres Reina nació el 20 de febrero de 1879 en Tomares. Era el segundo de tres hermanos varones: Emilio Torres Reina (Tomares, ? 1874 — Sevilla, 19 de enero de 1947), apodado “Bombita”, cuyo sobrenombre se debía al tamaño de las cebollas que la familia vendía, propagando el eslogan “vendo cebollas cómo bombas”, que fue quién inauguró la dinastía de los Bombita, al comenzar cómo banderillero en 1892. Ricardo, el segundo hermano, conocido por el apodo Bombita II o Bombita Chico, y Manuel Torres Reina (Tomares, 13 de marzo de 1884, Valencia, 10 de octubre de 1936), Bombita III. Todos fueron toreros. Según parece y se desprende de otras informaciones, tenían dos hermanas, de las que no he conseguido hallar información.
  Vistió el traje de luces por vez primera el 10 de agosto de 1895 en la plaza de Jerez de los Caballeros, a las órdenes de Juan Domínguez, “Pulguita Chico”.
  Su primera corrida en Madrid fue en 1897.
  -Ricardo Torres Reina (Bombita Chico, Bombita ó Bombita II) (Fuente: Internet):
  Cito la Gaceta de El Casino de Madrid, del que fue socio desde el 16 de marzo de 1927 hasta su fallecimiento (en 1947), de forma resumida, con unas citas: comenzó su actividad profesional cómo aprendiz en la imprenta del periódico “El Posibilista de Sevilla”, donde llegó a ser cajista, y en la que ganaba seis reales a la semana (no llega al céntimo de euro), que entonces a Bombita le parecían una gran cantidad. En su trabajo, todo el mundo le decía que sería torero cómo su hermano, pero su respuesta era que él iba a ser médico, porque, según su testimonio, además de no gustarle los toros, éstos eran el motivo de la tristeza de su madre, desde que su hermano Emilio comenzara a torear.
  Una de las causas que casi hacía inevitable la atracción del mundo de los toros para Don Ricardo era la vinculación de su padre, Manuel Torres Navarro, con la plaza de Sevilla, a la que servía los útiles para el desolladero, lo que permitía que sus hijos accedieran de forma gratuita a las corridas de toros.
  Ricardo fue un torero que sufrió muchísimas cogidas. Entre 1897 y 1898 tuvo cuarenta y cinco cogidas, resultando herido dieciocho veces, algunas de ellas de gravedad. También tuvo muchos accidentes que le impidieron torear. Por causa de una astilla, a Bombita se le infectó el brazo, y estuvo a punto de perderlo.
  Tuvo como padrino a José García (Algabeño), que sustituyó a su hermano Emilio, que estaba recuperándose de una cornada en Barcelona.
  En su primer año cómo matador, toreó casi cuarenta corridas, siendo el diestro preferido de la afición en plazas importantes cómo Barcelona o Valencia. A partir de 1901 se consagró como la gran figura del toreo de principios del siglo XX.
  Ricardo Torres se retiró la tarde del 19 de octubre de 1913, en una corrida presidida por la Reina Victoria Eugenia.
  Dejó de torear, pero siguió muy vinculado al mundo de los toros gracias a una iniciativa suya que perduró en el tiempo. Fue el fundador de la Asociación Benéfica de Auxilios Mutuos de los Toreros, también conocido cómo el Montepío de los Toreros, fundado en 1909. El montepío tenía la doble función de asistir a los toreros faltos de medios ante una cogida, invalidez u otro percance; y por otro lado, proporcionarles una jubilación digna cuando terminaran de ejercer su profesión.
  El siguiente paso de la Asociación fue construir un sanatorio propio para los toreros, que fue inaugurado en 1927, cerca de la plaza de Las Ventas, y que estuvo funcionando hasta principios de los años 80.
  Por la creación del Montepío de los Toreros en 1909, se le concedió la Cruz De La Orden Civil de la Beneficencia en 1923.
  Antes de conocer a la que fuera su esposa, trató con la cupletista Aurora Mañanos Jauffet, alias La Goya, en el primer cuarto del siglo XX, pero no llegó a cuajar su relación por los recelos de Ricardo Torres Reina a relacionarse con una mujer con la que tenía tan marcadas diferencias culturales.
  Después conocería en un toreo a la que fue su esposa, Maria de la Concepció Regordosa i Jover, que fallecería en 1920, a la edad de 32 años, durante el parto de su hijo, Román Torres Regordosa.
  Con la llegada de la Segunda República en 1931, Ricardo Torres Reina regresó a Sevilla, dónde falleció, el 29 de noviembre de 1936, a los 57 años, a consecuencia de complicaciones derivadas de una operación de hernia, en el Hospital de la Cruz Roja Española.
  Su cuerpo reposa en el cementerio de Santa Coloma de Cervelló desde 1939, junto a su esposa, Maria de la Concepció Regordosa i Jover de Torres Reina, hija del empresario textil Romà Regordosa Soldevila y Hortènsia Jover Cucuruny, junto con su cuñado, en la capilla-panteón familiar de la familia Regordosa, llamado popularmente Panteó del Bombita, situado en el extremo norte del cementerio; por propio deseo, cómo dejó escrito en sus últimas voluntades.
  En 1999, cómo conmemoración de su 120 aniversario y de los 100 años de su decisión de dedicarse al toreo, en la entrada de su Tomares natal se inauguró una escultura (obra de Alberto Germán Franco) que le rinde homenaje, y en el Real de la Feria de Sevilla, una calle lleva su nombre.
  -Fotomontaje: Ricardo Torres Reina y Maria de la Concepció Regordosa i Jover junto a una antigua foto de la Torre (Fuente: Internet):

  Maria de la Concepció Regordosa i Jover (1888-1920) fue una gran coleccionista de joyas antiguas, trajes regionales y abanicos, todo de los siglos XV, XVI y XVII (Fuente: Facebook Oro Gema). Se casó con Ricardo Torres Reina, ‘Bombita Chico’, el 13 de julio de 1919, en la Torre de Joana, y, con 32 años, falleció durante el parto de su hijo, Román Torres Regordosa, padre de Ricardo Torres Rocamora (álias Torpede Torres).
  En 1935, Els Amics dels Museus de Catalunya propusieron a Ricardo Torres Reina hacer una exposición sobre las prolíficas colecciones de su esposa, Maria de la Concepció Regordosa i Jover de Torres Reina, y el señor Torres accedió a ello. La exposición se mantuvo del 2 al 30 de junio de 1935 en el Museu de de les Arts Decoratives de Pedralbes, Barcelona.
  El documento que hace referencia a la exposición ha sido escaneado por la Universitat Autònoma de Barcelona, en la biblioteca de la cuál se encuentra el original, con Registro Número 53423, y en el se incluyen algunas fotografías de los objetos expuestos, junto a una breve reseña de los mismos, que no he incluido a fin de no hacer más extenso el texto.

  -Catálogo de la Exposición (Fuente: Universitat Autònoma de Barcelona):
  En el prefacio del mismo, Oleguer Junyent escribía (cito textualmente del catalán):
  Catálogo de la Colección de María Regordosa de Torres Reina, exhibida por "Amics dels Museus de Catalunya" en el Museo de las Artes Decorativas, del 2 al 30 de junio de 1935. Barcelona, Palacio de Pedralbes. (-Portada-)

  MARIA DE LA CONCEPCIÓ REGORDOSA I JOVER DE TORRES REINA:
  Nacida el 10 enero de 1888, hija única de una familia de la alta burguesía barcelonesa, fue una figura destacada en nuestro mundo por su belleza, sus virtudes y su temperamento, vigoroso y personalísimo. Formada en un medio señorial, educada e instruida con especial atención, su clara inteligencia se nutrió espontáneamente del estudio de las lenguas vivas europeas, las cuales conocía bien, y de la literatura contemporánea, apasionadamente querida por ella. Otra de sus pasiones fueron los viajes, y otra más, las cosas del arte.
  Mi amistad con ella y con la familia Regordosa me hizo conocerla en este último aspecto, cómo un espíritu extraordinariamente sensible que enseguida se dejó llevar por una afectación al coleccionismo. Jovencita aún, comenzó una colección de joyas antiguas, y pronto sus viajes tuvieron cómo motivo la búsqueda, lo que los hizo doblemente interesantes para ella. Con el tiempo, la búsqueda no se limitó a los marchantes de arte de las ciudades, si no a las pequeñas villas y a los rincones de provincia, dónde los muros de una vieja casa señorial ruinosa podían ser señal de posibles hallazgos.
  Esta actividad se orientó, seguidamente, hacia una especialización que hizo fecunda, y fue la de las viejas joyas españolas.
  Corriendo por España descubrió en la diversidad de las comarcas, la maravilla de los trajes regionales, comenzando entonces, con la buena pasión de siempre, la nueva colección de indumentaria popular, que ahora su esposo, el señor Torres, en homenaje a su memoria, ha depositado en el Museu de les Arts Decoratives de Pedralbes, en la bella sala que levará el nombre de Maria de Regordosa.
  Mientas iba haciendo las dos colecciones, un día, en Mallorca, descubrió una de las más formosas colecciones de abanicos que se puedan reunir, y, enamorada por aquel conjunto, lo adquirió en su totalidad para continuarlo y ampliarlo, cómo habría seguido haciendo si la muerte no se la hubiera llevado en lo mejor de su vida, en el punto en el que todo le sonreía.
  En el fondo, en la vida noblemente agitada de Maria de Regordosa, la doncella gentil, la bella coleccionista barcelonesa, había grandes amores que, dentro de nuestra sociedad, un poco prosaica, serían un ejemplo de bella sentimentalidad. Ricardo Torres, el famosísimo toreador, estaba enamorado de ella, y la curiosidad de nuestro elegante mundo y el círculo de las amistades y conocidos de la familia Regordosa estuvieron unos años con el tema de la incidencia que tendría este amor si terminaba en el matrimonio de Ricardo Torres y Maria, que la muerte interrumpió, llegada en el punto en el que la joven esposa acababa de ser madre, el día 13 de junio de 1920.
  Ricardo Torres, hombre culto y de espíritu nobilísimo, ha comprendido cómo nadie el alma de su esposa, y ha continuado, con el mismo amor que ella ponía, con sus iniciadas colecciones.
  Con una elegante sobriedad, limpia de todo sentimentalismo espectacular, ha encontrado en esta continuación, la fórmula más pura de culto a la memoria de Maria.
  Els Amics dels Museus de Catalunya, y más concretamente su presidente, el señor Pere Casas Abarca, por su amistad con Ricardo Torres, le propusieron de celebrar una exposición de las colecciones de Maria Regordosa en el Museu de les Arts Decoratives de Pedralbes, y la idea fue aceptada. En reordenanza de esta exposición y en memoria de su esposa, además, Ricardo Torres decidió fundar en aquél Museo, dentro de la sección de Indumentaria, una sala con el nombre de Maria Regordosa, dónde fueron reunidos todos los vestidos regionales que había conseguido reunir en vida.
  He aquí el por qué de esta exposición, dónde se nos revela el gusto de la coleccionista. Sobre el fondo suntuoso de las tapicerías que adquirió en Mallorca, los bellos muebles que trajo de sus viajes. Más aún, en el centro, el mueble dónde tenía expuesta la colección de joyeros y las vitrinas dónde guardaba la de abanicos.
  Els Amics dels Museus de Catalunya organizamos esta exposición para rendir homenaje a la memoria de Maria de Regordosa y a Ricardo Torres, continuador de las colecciones, agradeciendo a la Junta de Museus de Barcelona que haya acogido nuestra iniciativa.

  Sobre esto también hay una referencia, fechada en 1962, cuándo el periódico taurino El Rodeo entrevistó al señor Román. Sobre los puntos más importantes incido, copiando de forma literal el contenido de la entrevista:
  -¿Quién relacionó a su padre con su madre, de regiones tan distantes y distintas? (Reportero.)
  -Creo que fue a través de la familia Sedó, que tenían una rama familiar en Sevilla. (Don Román.)
(...)
  -Su padre creó el Montepío de Toreros, ¿cómo concibió la idea? (Reportero.)
  -Verá usted: a mi padre le preocupó extraordinariamente las malas condiciones de las enfermerías de las Plazas de toros en aquella época. La ausencia de una organización sanitaria que auxiliase eficazmente a los diestros en sus percances, especialmente a los poco afortunados. Él debía saberlo por experiencia, porqué fue uno de los toreros más castigados por los toros, de todas las épocas. Mi padre confió su proyecto a don Carlos Caamaño, hombre muy entendido en asuntos de previsión social, ya que había sido director general de la Deuda y Clases Pasivas. Ambos dieron cima a la estructuración del Montepío. (Don Román.)
  -Su padre, ¿se sentía ilusionado con aquella idea? (Reportero.)
  -Muchísimo: mi padre se retiró en Madrid, el día 19 de octubre de 1913: toreaba con los «Gallos» y debía alternar también en la misma corrida Belmonte, que no pudo hacerlo por una cogida, sustituyéndolo «Regaterín». Los tres diestros le brindaron la muerte de sus astados. Mi padre cortó la oreja al toro «Cigarrón». Sería la última vez que se vestiría de luces. Pues bien: sus honorarios, íntegros, los cedió para engrosar la Caja del naciente Montepío. A hombros de viejos y jóvenes toreros fue paseado por la Plaza. Con un «apunte» de ese hecho se imprime todos los años el cartel de la corrida del Montepío de Toreros. Por cierto: es una lástima que algunas de las primerísimas figuras pongan reparos en aparecer en el ruedo el día de la corrida del Montepío. Ser cabecera adelantada de una profesión debe entrañar una mayor capacidad de sacrificio en favor de los demás. Así lo entendía mi padre. (Don Román.)
(...)
  -Su padre murió en Sevilla, ¿como fue el traerlo a tierras catalanas? (Reportero.)
  -Murió, en efecto, en Sevilla, en 1938; sin embargo, cuando terminó la guerra dispusimos el traslado de sus restos mortales al panteón familiar, en el pueblo de Santa Coloma de Cervelló, próximo a Barcelona. Con ello yo no hacía otra cosa que lo ordenado por él en sus últimas voluntades: quería ser enterrado, reposar el sueño eterno de los justos, al lado de mi madre… (Don Román.)
  Don Román Torres domina la emoción que ha vibrado un instante en su palabra, y me indica:
  -¿Quiere usted conocer el mausoleo? No está lejos de Barcelona.
  Rodamos en el coche por el dulce paisaje del Valle del Llobregat, fino y eglógico cómo un lienzo de Vayreda. Santa Coloma de Cervelló: el cementerio, breve, íntimo, está sombreado de verdes pinares, alteado de elegantes cipreses. Penetramos sobrecogidos de emoción en la capilla mausoleo de la familia Regordosa. En el muro de la mano derecha, rodeada por una pétrea corona de laurel, una inscripción latina nos recuerda que allí está enterrado don Ricardo Torres Reina. Por el oro clásico del latín se filtra un instante la alusión a su oficio de matador de reses bravas: «Vír fuit in professíonali perita veré egregias.» Abajo, en relieve de deliciosas líneas novecentistas, se encuentra la tumba de doña María Regordosa: en la muerte se continúa el diálogo de amor que habían mantenido en vida. Nada en este universo, tan catalán y delicado —cerca Molins del Rey, la línea blanca de San Juan de Espí, el sueño campesino de San Vicens dels Horts*—, nos recuerda al planeta de los toros. Pero, de pronto, loca de sol, rompe a cantar una chicharra y me evoca, no sé por qué, el metálico clarín de una tarde dorada y triunfal en los alberos de la sangre y de la gloria.
  RAFAEL MANZANO en: El Rodeo, 10.5.1962.

  *El texto citado se mantiene fiel al original, en el que se presenta la nomenclatura franquista de la época. Para mantener la fidelidad, no he modificado los topónimos empleados.
  En el reportaje se incluyen interesantes imágenes, de las que destaco:
 1. Don Román Torres contempla el retrato de su padre, pintado por el Conde De Agilar (Foto: Valls) (Fuente: El Rodeo; 10.5.62)

 2.  Mientras su novio mataba toros bravos, doña Maria Regordosa, que aparece en el retrato, se dedicaba al fino y espiritual placer novecentista de coleccionar abanicos (Foto: Valls) (Fuente: El Rodeo; 10.5.62)

 3. Don Ricardo Torres y Doña Maria Regordosa, juntos en la muerte (Foto: Valls) (Fuente: El Rodeo; 10.5.62)

  En Deltebre hay la Finca Bombita, de 516 hectáreas, que fue de su propiedad hasta principios del siglo XX. Después pasó a ser propiedad de Ricardo Torres Rocamora. El 12 de junio de 2009 fue adquirida por el Gobierno de España, por 9,5 millones de euros. Actualmente (2021), el Ayuntamiento de Deltebre ha iniciado los trámites para pedir al Estado la cesión de la finca al municipio.
  Cito textualmente el BOE:

  BOE, Miércoles 16 de septiembre de 2009.
  Anuncio de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar sobre información pública de la expropiación forzosa de la finca de Deltebre nº 1030, conocida por Mas Bombita o Finca Bombita, en el término municipal de Deltebre (Tarragona) (expediente 43/0349). El Consejo de Ministros resolvió por acuerdo de 12 de junio de 2009 la declaración de utilidad pública de la adquisición, por medio de la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, de la finca de Deltebre nº 1030, ubicada en el término municipal de Deltebre (Tarragona) para su incorporación al dominio público marítimo-terrestre.
  En el Registro de la Propiedad de Tortosa nº 1, aparece como titular de la finca D. Ricardo Torres Rocamora, quién ostenta el cien por ciento del pleno dominio con carácter privativo por título de prescripción adquisitiva. En cumplimiento de lo dispuesto en los artículos 18 y 19 de la Ley de Expropiación Forzosa de 16 de diciembre de 1954, el Delegado del Gobierno en Cataluña acuerda la apertura de la información pública del expediente expropiatorio de referencia durante un periodo de QUINCE DÍAS hábiles, contándose a partir de su publicación en el Boletín Oficial del Estado, a fin de que por las personas interesadas se puedan rectificar posibles errores o formular cuantas alegaciones estimen oportunas. El expediente se podrá examinar en las dependencias del Servicio Provincial de Costas de Tarragona, con sede en Tarragona, Plaza Imperial Tarraco n.º 4, 4.ª planta, laborables de lunes a viernes, en horario de 9 a 14 horas.
  Madrid, 8 de septiembre de 2009.- P.D. (O. ARM.499/2009, de 24 de febrero). 
Subdirector General para la Sostenibilidad, Miguel Velasco Cabeza.

  Domingo, 03 de abril de 2022: Revisando antiguos documentos, fechados en 2009, encontré un leve apunte interesante que roza con la punta de los dedos el asunto que trataba en este post. Que la Torre estaba amenazada de derribo por la presión urbanística derivada de la ampliación del Polígono Industrial, en 1982, no me pasaba desapercibido (algunas fuentes indican que el polígono se construyó en 1982, pero en 1975 ya figuraba sobre plano). Conocía este detalle de haber investigado a posteriori, y de hecho, que se mantenga, aunque sea en el estado en el que se encuentra, es gracias a la cesión por parte de Ricardo Torres Rocamora y a la presión vecinal, que siempre es la que lucha en defensa de todo lo que los Ayuntamientos dejan de lado o quieren destruir.
  El enclave en cuestión, los terrenos aledaños a la Torre, antaño recibían el nombre de Lloc de Porcià o más actualmente, Pla del Vallès. Todo este terreno es el que se extiende alrededor del Riu Major. En sus alrededores había antiguas masías y diversos molinos harineros, traperos y papeleros, actualmente desaparecidos. —Miquel Sánchez i González en Mas d’ en Sants, abans Avellà i abans Sa Bruguera (s. XII-XVIII)”; “Monte Catano”, núm. 4, Museu Municipal de Montcada i Reixac, 2001. —Texto citado en “Un Itinerari per Collserola: Horta-Montcada per Sant Iscle.Joan Florensa Jaumandreu, en “La Vall d’ Horta i el Guinardó”, Núm. 63; Noviembre de 2009.
  Este es el resumen: los terrenos del polígono industrial antes eran molinos y masías. Antes de ser el Polígon Industrial La Ferreria, eran el Lloc de Porcià. De todo aquello no queda nada; el único testigo es la Torre Na Joana, y a este paso, Dios dirá…
  También debo decir que, de la investigación posterior de este caso, tenía un documento pendiente de leer, titulado El sueño eterno de Bombita, un reportaje del diario ABC, escrito por Antonio Santainés Cirés el 13/07/2003, que me ha presentado ciertos apuntes que no he conseguido en ningún otro lugar. Cito textualmente del reportaje: «El 26 de junio de 1910 el toro «Gargantillo» de Felipe Salas, lidiado en la plaza Antigua de la Barceloneta, le produjo una extensa herida en la mano izquierda y un puntazo en el muslo del mismo lado. Fue necesaria la amputación del dedo meñique de la mano mencionada. Su nieto, Ricardo Torres Rocamora, cordial y ameno conversador, me explicó: «A mi padre, hace muchos años, le llamó un aficionado que ya se sentía morir. Era muy mayor y guardaba en formol, como una reliquia, el dedo que le arrancó este toro. Llamó a mi padre y le dijo que lo tenía a su disposición. Mi padre cogió el dedo se fue al panteón donde está enterrado mi abuelo, y allí lo depositó.» También añado que, en este reportaje, el Montepío también se menciona cómo Asociación de Auxilios Mutuos de los Toreros, forma de mención que no había visto con anterioridad, y que me ha parecido curioso reseñar.
  Este reportaje me había quedado traspapelado, y he aprovechado la circunstancia para actualizar y corregir algunos puntos del presente informe.

   Cómo nota final quisiera manifestar mi más sincero agradecimiento a:
  -R. Lacuesta i Contreras; historiadora de l’ art, Cap de la Secció Tècnica d’ Investigació, Documentació i Difusió.
  -Servei del Patrimoni Arquitectònic Local de l' Ajuntament de MiR.
  -J. L. Gorina i de Travy; arquitecte.
  -J. Alcázar i Parera; historiador.
  -R. Farrés i Casadesús; arquitecte.
  -J. Farrés i Casadesús; delineant.
  -E. Mateu Domènech; arquitecte tècnic: por ofrecer el informe del que hablaba con anterioridad, el de 1999, que tanto me ha ayudado a conocer la historia más reciente y la arquitectura de esta maravilla, de la que tan poco se conserva, gracias a las notas y a las fotografías contenidas en dicho informe, sin el que esos añadidos no habrían sido posibles.
  -Andrés Bayonas; por su reportaje en La Gaceta del Casino de Madrid, importante fuente de información que he consultado con interés para no cometer inexactitudes.
  -Al perfil de Facebook Oro Gema; que ha rescatado fotografías de la señora Regodosa i Jover, e incluye en su post información hasta la fecha desconocida para mí, que ha motivado mi interés por la figura de la señora Regodosa, lo que ha facilitado el hallazgo del escaneado del Catálogo de la Exposición.
  -Al perfil de Facebook Salvem el Pla de Reixac-Rocamora-Polvorines; por la increíble fuente de información y documentación que contiene, gracias al cuál he conseguido muchos datos, cómo la noticia del accidente mortal, incluso la fotografía del escudo de la finca, lo que en total compendio, me ha ayudado muchísimo a documentarme mejor.
  -A la Universitat Autònoma de Barcelona; por escanear el documento original y permitir así su útil consulta.
  -A Montcada Informació; por su fantástico reportaje (en català): https://m.youtube.com/watch?v=q437aruzwzc
  -A La Veu de Montcada; por su reportaje sobre el accidente mortal sucedido en este lugar.
  -A Rafael Manzano; por su reportaje en el periódico taurino El Rodeo.
  -A Antonio Santainés Cirés; por su reportaje en el periódico ABC, que me ha hecho conocer detalles hasta la fecha desconocidos.
  -A Anna Bertran y al Equipo de “Perduts en el Temps” de La2 Catalunya; por su buen trabajo y por el reportaje que en parte dedicaron a este lugar, que me ofreció un dato que, hasta aquél momento, me pasaba inadvetido, y que ha motivado un añadido y una corrección en el texto.
  -Un último vídeo muy chulo es este, de Jscome: https://m.youtube.com/watch?reload=9&v=PZR-aKDvt50 Es de ley que se conozca mejor, y es injusto que tenga tan pocos “Me Gusta”. Desde aquí lo reitero también.
  Muchísimas gracias a tod@s. Sin la ayuda de sus aportes, nada del último bloque habría sido posible, y mi conocimiento sobre esta finca habría sido muy simple.
  Gracias a toda la obra consultada he podido conocer las figuras de quiénes habitaron esta fantástica finca, que languidece tristemente, aunque la Administración Pública haya procurado “mantenerla” con unas leves mejoras.
  Una casa no es únicamente la finca en sí. También es su historia, y la historia de quiénes la han habitado. Con ese ánimo me propuse investigar mejor, y de un punto llegué a otro, y de otro a otro, construyendo este improvisado anexo en forma de repentino apunte, que ha ido creciendo a base de ir mirando más a fondo lo que Yahú me listaba, y me ha gustado. Parece una gran historia, pero no estoy capacitado para plasmarla con la belleza que merece.
  Sirva todo este trabajo de recuerdo a la memoria de Ricardo Torres Reina y Maria de la Concepció Regordosa i Jover de Torres Reina (en Ripollet, un parque lleva su nombre: Parc Maria Regordosa), Román Torres Regordosa, los hermanos Bombita y sus hermanas, de las que no he conseguido hallar información, pero a las que también quiero recordar en estas líneas finales, y a la de todos los demás que, una forma o de otra, se han relacionado con la finca y con su historia.

  (10.4.22): La Torre fue “casa mortuoria” del Sr. A. L. i. M., fallecido el 22.12.1980 a los 73 años. Detalle que podría no reseñar, pero que he considerado mencionar a fin de ilustrar un poco más la historia y trayectoria de la finca.

  (30.1.24): Encontré una noticia curiosa en el Diario de Jerez, que mencionaba a Bombita, y del reportaje he rescatado esta fotografía:
  -Bombita toreando (Fuente: Diario de Jerez)
  Igualmente rescato un recorte de el Diario de Cádiz, de fecha 28.9.18, que recuerda la fundación del Montepío. Dice así, y cito textual: “27 de septiembre de 1927. Inaugurado el Sanatorio de Toreros de Madrid. A las cinco de la tarde de ayer tuvo lugar la inauguración del Sanatorio, construido por la Asosicación Benéfica de Auxilios Mutuos de Toreros, en la calle Sancho Dávila. Asisitó gran concurrencia de público, entre el que se encontraba Ricardo Torres “Bombita”, iniciador del proyecto, descubriéndose un busto suyo, obra de Mariano Benlliure, en los jardines del Sanatorio.”
  El Sanatorio fue demolido en los ’80, y no aparece mención alguna a ese busto de Bombita que había en los jardines. De ahí la importancia de este recorte de el Diario de Cádiz. ¿Se conserva en algún sitio? ¿Hay fotos? No lo sé. Si alguien puede dar alguna información, al final del post está mi contacto.

   El Fantasma del Vallès.

  TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS (SALVO LAS INDICADAS) Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL/LOS AUTOR/ES.

(Si alguien conoce de algún lugar interesante que merezca la pena visitar por la zona del Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, els Vallesos (Vallès Occidental i Vallès Oriental), y quiere que le haga una ficha, gustoso procuraré de visitarlo cuándo me sea posible. De igual forma, procederé a mencionar al lector que me lo proponga. Este es mi mail: elfantasmadelvalles50@gmail.com)

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