5. Operació Prat (25.2.20)
En esta entrada voy a ser algo más parco. Por alguna razón que escapa a mi recuerdo, en aquellos felices principios de 2020, lejos del COVID, la mascarilla, el confinamiento, y lo peor: tanta muerte, una razón que mantendré en el anonimato me obligó a acudir a El Prat. Me debatía entre ir en tren (Renfe, la llamo. Alguien a quién conocí hace años, y que me guarda un inmenso rencor, decía: “el Chuchu”, con su marcado accent del Maresme) o en Metro, el flamante ramal L9, recientemente inaugurado por entonces; la línea naranja, pero la cabra siempre tira al monte, y la Renfe (“¡El Chuchu! ¡Yo le llamo ‘Chuchu’!”) siempre es mi opción preferida, aunque la megafonía tienda a anunciar más demoras que servicios (cuándo funciona o tienen a bien notificarlos, aunque últimamente funciona bastante bien, quitando llenos absolutos y demás hechos puntuales.)
Llegado al punto, por alguna razón, con la cámara, cómo un turista en tierra foránea, salí del tren (Ni “Renfe” ni “Chuchu”), y me dirigí al lugar dónde fui requerido, sorprendiendo esta llamativa foto, saliendo por la zona más próxima a la estación de autobuses.
La cosa no pasaría de ahí, una foto más para el Feirbur (entonces no disponía de Istegran, y ésta aún no la he puesto, ni en uno ni en otro), pero el camino debía continuar, el destino aún se encontraba alejado de mí, y las horas se me echaban encima cómo chepa de vieja, lo que me obligaba a dejar atrás las tomas, conformarme con una sola versión “bruta” de la foto (no las modifico con el FotoChop. Soy mucho más modesto y “sabatot”, cómo decimos en Catalunya para decir “duro de mollera”, por lo que uso una alternativa muy sencilla y gratuita, que no es Gimp, pero que me da buenos resultados con unos menús muy simples).
Apago la cámara y prosigo el camino, mirando el descampado dónde hace años estaba la estación “original”, no la soterrada, ocupando lo que hoy es un solar herbáceo.
A partir de aquí no delataré más mis pasos, pero di mis vueltas, y encontré algo que me llamó la atención ampliamente, y que me hizo entretener mucho:
Visto de espalda no sabía qué puñetas era, pero me hizo una gracia extraordinaria, y la foto quedó fatal, no lo niego. Este ha sido el resultado de muchas horas de trabajo durante el confinamiento, usando varios editores de foto (Gimp y PhotoScape, ocasionalmente el desaparecido Picture Manager, algo más tosco, pero en ocasiones, sus resultados son muy prometedores.)
La foto “bruta” era una masa oscura con algunos brillos de flash. Insuficiente para delatar el cuerpo que mis ojos veían sin mucha dificultad, aunque mi miopía sea muy marcada.
Haciendo caso del móvil (mi LG P-500, fiel y obsoleto, no por ello no funcional), eran casi las 21, y estaba acumulando una demora de más de 15 minutos (“Aquest tren circula amb una demora de… quinze… minuts”). Alarmado por mi tardanza, me posicioné de frente, lancé la última foto (fueron muchas más, que iba borrando, empipat com una mona, porqué no me salían nada bien), y corrí hasta el destino, lanzando algunas más al paso.
Cuándo llegó el confinamiento pude echar mano de mi extensa colección de fotos, personales, familiares, y demás (3 Gigas en archivo comprimido, y aumentando), corrigiendo durante horas fotos que parecen “curiosas” (no diré “bonitas” porqué no lo siento así. Mi nivel es usuario-bajo), encontrando estas pocas que conforman L’ Operació Prat, a las que dediqué muchos cuidados durante las horas muertas del confinamiento, resultando esto de la foto “bruta” del frontis del cachivache:
Me dijeron que es “un triciclo”: un aparatito que debía ir con motor de moto, y me pareció una virguería…
Cómo iba tarde, esta fue la última que le hice. Luego llegaron estas dos, pero no tienen nada que ver con él:
Este grafiti me hizo gracia, Dios sabrá por qué, y cómo llevaba el móvil en la mano, eché la foto con él. Se delata la diferencia de calidad de una cámara Nikon (5 megapíxeles, ¡cualquiera lo diría!) con otra de móvil (3 megapíxels.)
Mi cámara es un modelo antiguo, sí, pero siempre vamos juntos, y todas mis fotos son con ella, salvo algún caso puntual en el que he tenido que echar mano del Samsung porqué me he quedado sin batería. Aunque sea antigua, los resultados, una vez “suavizados”, me son muy satisfactorios.
La que fue la última es esta: una panorámica nocturna (no sé si es Sant Boi o dónde), hecha con mi Nikon S1:
Luego llegó todo el follón del COVID, y 2020 pasó a ser un año para olvidar, aunque me ayudó mucho a estrechar lazos con la familia. Hasta de las peores cosas pueden surgir buenas enseñanzas que rápido se nos olvidan. ¡Lástima!
El Fantasma del Vallès.
TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL AUTOR.
(Si alguien conoce de algún lugar interesante que merezca la pena visitar por la zona del Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, els Vallesos (Vallès Occidental i Vallès Oriental), y quiere que le haga una ficha, gustoso procuraré de visitarlo cuándo me sea posible. De igual forma, procederé a mencionar al lector que me lo proponga. Este es mi mail: elfantasmadelvalles50@gmail.com)





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