4. Operació Torribera (15.2.20)
En esta ocasión se habían cumplido dos meses de su partida, y mi ánimo era muy pésimo. El desánimo, por más que lo disimulara, no pasaba inadvertido en el hogar, al que fui recurriendo cada cuánto, por el sentimiento de arropamiento que la soledad vallesana no me ofrecía.
En este caso, la aventura fue familiar. El núcleo más cerrado, mi familia más próxima, velando mi pesar en una peripecia que terminó cómo no quería que terminara.
La subida fue en Metro. La L9 hasta Singerlín, Santa Coloma de Gramenet. La línea “autómata”, otra que también va sin conductor, mirando al túnel durante todo el trayecto, que iba quedando atrás, cómo la finita vida de mi querida amiga.
Sólo me encontré un poco bien al salir al frescor moderado de aquél día.
Echamos a andar subiendo una pintoresca calleja, con rampas mecánicas para vencer el desnivel de la calle, y llegamos a una parte de los jardines de Torribera.
Iba sin la Nikon, ligero de equipaje, evitando encontrarme con el tótem de aquellas felices excursiones, y el jardín parecía merecer fotos, si bien no en cantidad, sí algunas.
Por el ahínco de la familia saqué un par, un único par, con el móvil.
-Edificio de la Luz:
Paseábamos con calma, pero la cercanía de Torribera con la zona del Parque de La Bastida, por allí dónde, en otra ocasión, anduvimos cuándo continuamos con la segunda parte de l’ Operació Agro, me llevaba a un pensamiento recurrente: La última vez que estuve aquí, ella seguía viva.
Poco a poco mi ánimo iba llegando a rozar el llanto, y trataba de ocultarlo, tanto por mí mismo cómo para los demás, familiares o no.
A lo lejos veía La Bastida, y recordaba cómo subíamos siguiendo el recorrido de un autobús urbano de Santa Coloma, aquél 28 de agosto de 2019, con el ánimo de retomar la continuación de la primera parte de l’ Operació Agro, pero desde otro acceso.
Una voz conocida me decía que fotografiara el otro edificio pintoresco del jardín, tocando casi al fin, y, cómo en las películas, tardé un poco en tomar constancia de que me hablaban. Dije que sí, saqué el móvil y eché la última, sin el menor ánimo, de forma casi mecánica.
-El último edificio fotografiado en los Jardines Torribera:
Después cruzamos un puente sobre la B-20, llegamos a La Bastida, y sin decir nada, apreté el paso, dejando atrás a todos, con el único ánimo de que quedara atrás todo aquello que tanto daño me hacía.
Procuré que el regreso fuera por sitios desconocidos, y bajamos por Església Major, una suerte de “antigua Santa Coloma”, cómo un resto de la ciudad antigua, construida con casitas bajas, estilo “casa de pueblo”, con jardín delantero.
Me gustó todo aquello, fragante a pino, pues muchos ejemplares de pino mediterráneo se ven por ahí, pero a la vuelta, su ausencia se me hizo insoportable por más tiempo, y ya no pude más. Estallé, y estuve horas así. Ojalá me valentone y la podamos repetir, mejor y más a fondo, esta peripecia.
Pantallazo de Podómetro S-Health (Fuente: Samsung):
No ha sido una de las andanzas más extensas, pero sí una de las de mayor carga sentimental.
El Fantasma del Vallès.
TODAS LAS FOTOS DEL REPORTAJE SON PROPIAS (SALVO LAS INDICADAS) Y NO PODRÁN SER REPRODUCIDAS, COPIADAS O UTILIZADAS PARA CUALQUIER FIN SIN EL EXPRESO PERMISO Y LA MENCIÓN DEL AUTOR.



Comentarios
Publicar un comentario