Introducción:
Algunos ya me conocerán de otras fantasmadas, que no son pocas (o no serán: entre la radio en el Telegram, los podcast en CastBox, mi perfil en WattPad… [añado: ni en CastBox ni en WattPad he puesto nada aún, lo que no quita que trabaje cómo si fuese a hacerlo]), las fotos en Insta Graham (la autocorrección de Works*…) y FaceBook, un pequeño canal en YouTube (musical, no esperen nada del otro mundo), y muchos grupos en los que soy sigiloso miembro (especial saludo a mis creaciones: el grupo de Amistad Barcelona y Urbex Maps [debidamente oculto, no lo busquen Z;^) ], y algunas leves contribuciones en Maps [me gusta la fotografía, y así mido mis fuerzas], parezco un tipo demasiado “conocido”, al menos de nombre, que debo agradecer al grupo Huapachà Combo, que en 1982, en el álbum ¡Qué Borde era mi Valle! sacaron la canción en la que me envolví (http://www.youtube.com/watch?v=3S6ww5IJOwQ), creando la entidad que me esconde con una máscara hecha a medida, pero de eso hace ya muchos años, y si me diera por contarlo, no me sería difícil: tengo la historia a punto de terminar. (Hombre prevenido vale por dos. Y aseguro que es así: mi dietista y mi báscula así lo aseguran.)
*Works: Comencé en 2014 a usarlo, y aunque ha desaparecido oficialmente, mi fidelidad a los “descartes” es máxima. Me gusta la retroinformática, y mientras pueda usar programas antiguos, seguiré haciéndolo. Además, Works 9 integra un paquete de compatibilidad con Office 2007, pero ese no es el tema.
El mundo del Urbex (la Exploración Urbana, vamos, ¡lo que hacíamos de pequeños metiéndonos por los rotos de las paredes, copón! Los anglicismos me ciscan) es un vasto campo. Catalunya, que es lo que más domino, y sólo en mínima parte, tiene sus rincones, tristemente conocidos y martirizados, lo que hace que la gente sea cauta y no diga (o delate) ubicaciones, lo que consagró la idea de Urbex Maps, pues estaba en un grupo en el que pasaban ubicaciones, y me expulsaron una vez se apropiaron de mis contribuciones. Con Delta, un grande de este mundo (al que mando un afectuoso saludo) nació ese proyecto.
En los ‘90, con mi padre (Ramón), y mi madre fuimos a visitar Marmellar (el mejor reportaje que he leído sobre esto es de El País: https://elpais.com/ccaa/2012/08/09/catalunya/1344540093_142646.html), lo que empezó a hacerme gracia, convirtiéndose en una ocupación de domingos, escalonada en el tiempo.
En aquellos tiempos, el “Urbex” no se entendía así. Para los que lo hacíamos era “ir de excursión”. Quizá al no existir (o no conocerse) el topónimo, lo llamábamos de cualquier forma, “i endavant”.
Pasada la excursión de Marmellar llegó otra memorable, La Puda. ¿Qué se puede decir sobre esto? Cualquiera que empiece en este mundo tiene que ir ahí. Evidentemente, los que conocimos La Puda hace 22 años (acabo de cumplir los 30) no la vemos igual que entonces. Aquella primera vez me marcó, y aunque aún se guardan las fotos (en papel, de las clásicas) al no disponer de escáner ni de agallas para mostrar a la familia al completo haciendo el domingero por allí, deben creer en mi palabra e imaginar lo poco que queda ya de aquello. Se podía subir al terrado (la vista era magnífica, aunque un poco resumida), quedaban baños medianamente enteros, un par de portarrollos en las cabinas de váter (sólo un par, no exagero), la fachada no presentaba tantos desconchones ni grafitis, y no tuvimos constancia de la celebración de “eventos masivos” (eufemismo de RAVES DESTRUCTIVAS. No me callo lo que pienso), aunque en una de tantas visitas, en el ‘98, cuatro personas con casco de moto arremetían contra unos pilares que apuntalaban un piso, con el riesgo de hacerlo caer. En definitiva, un sitio dejado se cae a medida que pasa el tiempo, pero si la gentuza (no me merecen otro calificativo, incluso este me parece tibio, pero no encuentro uno más grueso y satisfactorio) se emplea a fondo en romper todo lo que han roto otros antes, ¿qué esperan? ¿Qué les caiga encima el edificio? (Cosa que ya ha sucedido: aludo al famoso “Ladrón de Vigas”, que fue aplastado en un derrumbe provocado por su hazaña.)
Cómo ratoncito metomentodo sólo espero encontrar ruinas, más o menos bonitas, pero ruinas al fin y al cabo, por lo que mis expectativas no van más allá. En caso puntual, encuentro algo: un casete, una cinta de vídeo, libros, muebles… y entiendo sólo en parte por qué algunos quiebran las férreas normas del Urbex (No Robar, entre otras): un objeto dejado atrás sólo tiene dos salidas: ser destruido por el colapso (arbitrario u intencionado) del edificio dónde se encuentre, o que alguien lo haga desaparecer (espero que sea con el mejor ánimo, cómo forma de preservarlo). Ante eso no me pronuncio. Si es un caso de “preservación”, una forma de “salvar” algo de valor (patrimonial, estético, histórico…) no lo condeno, siempre y cuándo sea justificable la acción. Si la intencionalidad es otra, lo condeno de la forma más estricta.
No es lo mismo salvar (o “preservar”) un flyer del famoso restaurante de l’ Alt Maresme (pista: tiene parentesco con el Grand Prix) que prender fuego al mostrador dónde se acumulan varios ejemplares. Tampoco es lo mismo llevárselo con el pretexto de “salvarlo” y terminar vendiéndolo en Todo Colección, cómo he visto en el transcurso de la investigación que he llevado a cabo sobre ese lugar. UN GESTO ALTRUISTA DE “SALVAMIENTO” NO DEBE IR ACOMPAÑANDO DE UNA ZAFIA INTENCIÓN DE RÉDITOS.
Aporto cómo prueba la foto del mostrador con el conato de incendio destructivo (por la inflexible norma del Urbex de no pasar ubicaciones, he procedido a la supresión de los datos, aunque no sirva de mucho. Este sitio es bastante conocido, y una investigación superficial arroja muchos datos, cómo las fotos del flyer (en Todo Colección) en las que se ve el mapa con las indicaciones para llegar. ¿Qué más se puede pedir?):
Preservar, no destruir, y sobre todo: respetar. Por esto no inclino mi postura ante los que “recogen” suvenires. Si un “listo” (digo con ironía) mete fuego con la intención de hacer arder una parte de la historia que lleva ahí casi 30 años, puedo entender la idea de que alguien quiera preservarla llevándose una parte, pero diciendo esto no apoyo el pillaje. Sólo la preservación y la protección de los elementos, si estos se encontraran en serio riesgo.
Lo triste es que muy pocos dejamos todo tal cuál lo encontramos, y no siempre regresamos y lo vemos todo “igual” o “menos mal” de lo que estaba en el momento de nuestra visita. Las hordas de la destrucción nos van detrás y arrasan con todo cómo una plaga de langostas.
En esta excursión tuve que esconder muchas cosas para protegerlas, y quizá las escondí demasiado “bien”, pero ahí siguen, a la espera de que vuelva (lo descarto) y meta la mano en los recovecos dónde las dejé, esperando que ahí sigan, enteras, y que no me muerda una araña al meter la mano… (¡Ep! Mosquitos y arañas cómo la palma de la mano. Tengo las fotos.)
Sobre esta aventura escribiré cuándo pueda, pero antes quiero regresar a la primera que hice después de un largo tiempo de abandono, aparcado en el taller, pero eso será cuándo sea.
¡Hasta la próxima!
El Fantasma del Vallès.
elfantasmadelvalles50@gmail.com)
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